1/1/18

¡Feliz Amigo Invisible, Vicky Ramírez!


Para: Vicky Ramírez
De: Látex
Título: Miracle
Pareja: Thor x Bruce
Resumen: Thor es un gran Alfa y un gran protector de Asgard; un viaje inesperado le hará reflexionar sobre lo que su Omega,  Bruce Banner, significa en su vida.
Clasificación: Mayores de 16 años
Advertencias: Omegaverse. Yaoi. Mpreg. Lemon ligero.
Renuncia: Todos los personajes pertenecen a Marvel Studios.




*Miracle*

La sonrisa jadeante hizo estremecer el cuerpo de Thor, obligándolo a apretar aún más los nudillos de su mano izquierda en la cabecera del lecho adoselado, y con la palma de su mano derecha a recorrer lánguidamente la suave piel acanelada de esa pierna hasta llegar a la todavía más suave nalga para ceñirla entre sus dedos. Aquello provocó uno de los sonidos que más amaba escuchar de los labios de su Omega; el gemido entrecortado, su nombre apenas susurrado en una necesidad casi imperiosa. 

Sin evitarlo más, el rubio Alfa bajó su rostro para besar esos labios entreabiertos, primero en una dulce caricia y casi enseguida en un arrebatado y pasional beso. Bruce gimió en su boca, apretó el cuerpo para casi aprisionar hasta el anhelo el cuerpo de Thor. Éste osciló las caderas en un gruñido extasiado, buscando aquél punto dentro de Bruce que, sabía, lo haría casi chillar de gozo.

No tardó en escuchar el grave resuello, la respiración entrecortada y la voz ronca que gritó su nombre, grito que fue acallado por la experta lengua del Alfa. Los movimientos se hicieron más rápidos, más descontrolados, llevándolos a ambos al delirio que eran sus cuerpos cuando se unían. Era fuego puro aumentando con cada embestida de Thor, con cada caricia de Bruce, con cada golpeteo y chasquido de sus bocas y de ahí, de donde se unían y separaban apenas, el roce apretado del miembro húmedo del Omega en la pelvis poblada del Alfa.

Las palabras salían sin sentido, los jadeos sin aliento, las miradas intensas. Estaban llegando casi al final de su entrega apasionada, Thor podía sentirlo en sus entrañas, podía sentirlo en el tremor del cuerpo de Bruce, en la mueca entregada que sólo le pertenecía a él. Besó una vez más a Bruce, con esa energía que emanaba de su cuerpo hasta casi soltar electricidad, pero quería deleitarse de nuevo con la imagen de su Omega llegando al éxtasis.

Rompió el beso con un chasquido, miró los labios enrojecidos e hinchados, la intensa mirada brillante en los ojos marrones moteados de verde, y sonrió casi con salvajismo. Soltó la cabecera de la cama, apretó las caderas que sus grandes manos casi cubrían por completo, se incorporó hasta que sus rodillas tocaron el colchón y alzó las corvas de Bruce para posarlas a sus costados; sus manos encontraron el apoyo necesario en los muslos, y así embistió con prestanza el cuerpo amado; se mordió los labios cuando las cortas uñas de Bruce se enterraron en sus antebrazos. Era un deleite introducirse en ese rincón apretado y cálido, sentir que era más que bienvenido a invadir ese cuerpo, dejar marcas, acariciar y tocar los pezones, rozando apenas en el camino el miembro erecto y enrojecido que era atendido por su dueño. Ver a Bruce masturbarse mientras él le embestía era uno de sus grandes placeres. Verle gruñir y retorcerse mientras se aferraba a él hasta que finalmente, con un grito ahogado, se vino soltando su descarga acuosa entre ambos vientres. Thor no podía aguantar mucho más después de ver a Bruce en el arrobamiento de su orgasmo, apretándolo más a él, queriendo más de él, diciéndole sin palabras lo que quería; el sentir cómo su falo era ceñido en el interior de Bruce como consecuencia del placer. La energía ya visible irradiaba de su cuerpo, su bajo vientre hormigueó esperando lo inevitable, gruñó y se aferró a esos muslos con posesividad hasta que sus ojos se dispararon y descargó la primera oleada dentro de Bruce, sólo para escuchar el suave gemido y sentir el arqueamiento de esa frágil espina.

Apretó los dientes y se obligó a salir con rapidez de su Omega, ahora no era necesario obturarse en Bruce. Bruce no estaba en celo (que había pasado hacía un par de meses), no necesitaba las posturas incómodas que el anudamiento traía como consecuencia. Así que la segunda descarga se precipitó hasta el perineo de Bruce mientras el nudo del Alfa se hinchaba dándole más placer, aunque de ninguna manera comparable con el gesto de dicha y saciedad que el rostro de su Omega le provocaba.

El miembro de Thor se siguió sacudiendo haciéndolo vibrar mientras se echaba de espaldas en la cama, en ningún momento soltando a Bruce, llevándolo como si éste estuviera hecho de cristal hasta acomodarlo sobre su pecho y alzar esa barbilla para seguir besando esos labios, ahora con más suavidad. No era sólo su naturaleza protectora, era también el sentimiento puro que Bruce le provocaba.

Abrió los ojos totalmente para seguir deleitándose con la sonrisa de Bruce, tan saciado y contento. Thor amaba verlo así, también sentirlo entre sus brazos mientras acariciaba lánguidamente la espalda y trasero que eran tan suyos. Correspondió a la sonrisa y suspiró mientras Bruce rozaba entre  dedos su barba crecida.

—Adoro hacerte el amor— susurró el rubio arrullando el cuello de Bruce, tocando débilmente con sus labios la cicatriz que había dejado hacía tiempo en esa delicada piel, cuando marcó a Bruce para hacerlo suyo completamente.

Bruce amplió su sonrisa y se apretó más al cuerpo grande y poderoso de su Alfa. 

—Y yo adoro que me hagas el amor— murmuró de vuelta, y con otro suspiro se acomodó de nuevo en el amplio pecho que había sido y seguía siendo su refugio. Cerró los ojos con una suave sonrisa, sintiendo el apretado abrazo.

Era en esos momentos en que Bruce encontraba completamente la paz, los momentos en los que no recordaba aquella vida cuando huía del mundo y de sí mismo, y agradecía cada día el haber conocido al príncipe Asgardiano, el haber sido tan afortunado para que el rubio se fijara en él, tan afortunado de ser merecedor de su afecto y su corazón. Y ahora había una razón más…

Los marrones ojos se abrieron de golpe cuando un estruendo irrumpió en la habitación. Bruce dejó de sentir el calor que lo envolvía cuando Thor se incorporó rápidamente para mirar hacía el ventanal de su habitación. Bruce resopló y bajó los hombros, sintiendo de golpe el frío que se coló por la ventana, apenas dándole tiempo para cubrirse con la gruesa manta.

Thor sin embargo no tuvo reparos en mostrar su completa desnudez al hombre que se apareció con la misma nitidez que un fantasma. Heimdall apenas si le dedicó una mirada a Bruce, se concentró en hablar en ese suave murmullo que era capaz de lograr aunque su voz fuera igual de fuerte que la de Thor, que hacía las preguntas concisas y rutinarias (¿Lugar? ¿Desde cuándo…?), y la única respuesta que Bruce siempre escuchaba y que ahora comenzaba a odiar (“Iré enseguida”).

Heimdall desapareció casi tan pronto como había aparecido, sin darle una segunda mirada a Bruce. El hombre pequeño de rizos frunció el ceño, preguntándose si el Guardián de Asgard lo ignoraba deliberadamente o era simplemente que esperaba que se negara a dejar ir a Thor y no le daría la oportunidad. Parpadeó entonces, cuando Thor sin molestarse en cerrar la ventana, se apresuró a vestirse con la armadura Asgardiana que guardaba en el armario junto a sus prendas midgardianas.

Bruce jamás se había negado a dejar ir a Thor a pelear.  Sabía que no podía hacerlo. Era consciente de que su Alfa no sólo era defensor de la Tierra junto a él y Los Vengadores, sino que también se debía a su reino. Pero esta noche se sintió egoísta, no quería dejarlo ir. Esta vez no.

Se levantó cubriéndose con la manta para cerrar la ventana, miró unos segundos el paisaje nevado. Hacía demasiado frío y no quería quedarse solo. 

—¿Es importante?— preguntó alzando un poco la voz para hacerse escuchar entre las murmuraciones que decía Thor, esas que Bruce no se había tomado la molestia de escuchar porque las conocía de sobra: “Villano random de un reino enemigo” “Asgard en peligro” “Tengo que ir”.

Thor ya se colocaba la capa cuando miró de lleno a Bruce. Sus gesto determinado se suavizó cuando contemplo el ceño fruncido de su Omega. Una pequeña sonrisa apareció en la comisura de sus labios y una vez terminó de enganchar al completo la capa, se adelantó hasta quedar a un paso de Bruce, tomándole por los hombros y acomodando mejor la manta sobre ellos.

—Es importante. Amora se ha unido a el Destructor. Será fácil, regresaré por la mañana.

Bruce reprimió un suspiro de frustración y se alejó del toque de Thor. 

—¿Por qué Loki no se hace cargo? ¿O Valquiria? ¿O el propio Heimdall o Sif? Thor, Asgard tiene a mucha gente que puede luchar, ¿por qué siempre tienes que ser tú?

Thor parpadeó ante el reproche, que aunque no había salido con furia, sí con brío.

—Es mi deber, Bruce. Soy el protector de Asgard…

—¡No me importa!— estalló finalmente Bruce, apretando la manta entre sus manos para evitar gesticular con rudeza— Te fuiste en Navidad, y regresaste apenas hace un par de días… Mañana será Año Nuevo, yo sólo…— las palabras de Bruce perdieron su fuerza cuando Thor entornó la mirada hacía él, lo que provocó que desviara su propia mirada. Odiaba eso de su naturaleza.

Thor suavizó la intensidad de su mirada al darse cuenta de la sumisión de Bruce. No, nunca quería hacerle daño al hombre que amaba. 

—Nunca has tenido problemas cuando debo ir a Asgard a luchar. Es mi deber, Bruce. ¿Qué te hace cuestionarme ahora?— preguntó intentando sonar lo menos Alfa posible, acercándose a Bruce de nuevo para posar su mano en la mejilla de Bruce, rozando los rizos en su nuca en el proceso.

—Son fechas importantes para nosotros en la Tierra— respondió el de rizos en un tono más suave, alzando la mirada para ver los ojos azules de Thor—. Había prometido a Tony que pasarías Año Nuevo con nosotros… y quería darte una sorpresa, el regalo de Navidad que he estado guardando para ti.

Thor sonrió con afecto, y sin dejar su suave toque en la mejilla de Bruce, bajó la otra mano para tomar la cintura de su Omega. Se acercó para plantar un delicado roce en los labios ajenos.

—Prometo que no tardaré. Ambos sabemos que Amora no es una gran rival, y cuando acabe con ella el Destructor será pan comido. Y Bruce, no necesito un regalo de Navidad especial, me basta con tenerte a ti.

Bruce abrió la boca, pero la mano que sostenía su cintura se separó. El ruido de deslizamiento le dijo que Thor había tomado a Mjolnir, no había marcha atrás. Se despegó de su Alfa para volver a la cama.

—Cierra la ventana, por favor. Y una cosa más, Thor— dijo girándose un poco—: Regresa pronto.

Thor frunció mínimamente el ceño, pero Bruce no lo vio. Sólo escuchó la ventana abrirse, cerrarse, y enseguida el fuerte estruendo que le dijo que Thor se había marchado de nuevo. Esta vez no le había ofrecido a Thor acompañarlo. Hacía tiempo que Thor no se permitía llevar a Bruce a las batallas para que Hulk (su compañero de armas más apreciado) luchara junto a él. No después del último enfrentamiento con Hela, ese en el que Thor casi había perdido a Bruce. Sin embargo el científico siguió insistiendo hasta que comprendió que Thor no quería arriesgarlo de nuevo. Y esta noche, aunque en el fondo hubiese querido acompañar a Thor y transformarse en Hulk, no podía hacerlo. Cerró los ojos rogando que Thor regresara con bien, llevándose una mano a su vientre.

***

Amora reía a carcajadas mientras Thor era capaz de sentir cada golpe, cada arrebato de sangre, cada hueso crujir. Había perdido a Mjolnir y aunque hubiera emanado más energía que nunca, algo había sucedido. Se volvió débil y lo último que pudo ver fue los cuerpos de su hermano y sus fieles amigos destrozados. Asgard en ruinas… Su último pensamiento antes de sentir el final y certero impacto fue Bruce. Los ojos y la sonrisa de Bruce, incluso Hulk… y entonces todo vino un gran dolor que sólo duró unos segundos. La oscuridad completa lo envolvió.

***

Apretó los ojos cuando un intenso dolor lo  recorrió de pies a cabeza, podía jurar que hasta el pelo le dolió. Gruñó  e intentó incorporarse apoyándose en sus codos, respirando lenta y profundamente hasta que el dolor amainó un poco. No abrió los ojos hasta que escuchó un resoplido fastidiado.

—Ya era hora de que despertaras. No tengo mucho tiempo, ¿sabes?

Thor abrió los ojos de golpe al reconocer la voz de Hela. Su hermana mayor estaba a sólo unos pasos de él, erguida en todo su orgullo, alzando una ceja y con una sonrisa torcida adornando sus labios. No tenía el casco con cuernos, lo que de alguna manera para Thor significaba una ofrenda de paz. Sin embargo al estar en presencia de Hela y el frío que de pronto caló sus huesos, sólo pudo llegar a una conclusión: Helheim… y si se encontraba allí…

—¿Morí?— preguntó con voz ronca incorporándose por completo. Miró sus manos limpias, sin restos de sangre o de la batalla.

—Vaya, la iluminación llegó rápido a tu lento cerebro, hermanito. Otra herencia de Odín que no fuiste afortunado en recibir.

Thor apretó los puños y miró con fuego a Hela, que no había borrado la socarrona sonrisa. Luego ella rodó los ojos.

—Sí. Estás muerto. Asgard ha sido tomada por Amora.

—¿Y vas a quedarte así nada más?— inquirió Thor sin pensar en lo extraño que era todo. Nunca pensó que morir fuera como simplemente despertar de un sueño largo y doloroso (todavía le temblaban las rodillas)— ¿Estás permitiendo que suceda?... ¿En dónde están Loki y los demás…?

Hela negó con la cabeza y se cruzó de brazos.

—Los demás están dónde pertenecen, en el Valhalla. Loki, bueno… ya lo conoces— desestimó con un gesto ausente de sus manos—. Y sí, estoy permitiendo que suceda, porque tú mismo te encargaste de cerrarme las puertas fuera de Niflheim. Ya sabes, aquella vez que probé la resistencia del mortal con el que te uniste.

—Bruce…— murmuró Thor, recobrando el sentido de todas las cosas. Si él estaba muerto entonces Bruce…

—Sí, tu Bruce— respondió Hela ensanchando la sonrisa— ¿Sabes? Pensé que era otro Omega cualquiera, uno débil y obsecuente. Hay muchas cosas en las que me he equivocado, querido hermano, tu Bruce fue de una de ellas. Subestimación, le llaman. Hay mucho del gigante verde en él y al revés— concluyó alzando los hombros.

—¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué no desperté en el Valhalla?— cuestionó Thor para no sentir su corazón desgarrado ante lo que sufriría Bruce con su muerte. Por haber descumplido la promesa que le hizo de protegerlo siempre y regresar de las batallas.

—Tu arrogancia se interpone siempre, ¿no es así?— suspiró Hela, extrañamente pacificadora— Tu adorada madre les contaba cuentos hermosos del Valhalla antes de dormir, ¿cierto? Grandes epopeyas de guerreros poderosos que iban directo al paraíso. Pero Odín y Frigga hicieron un gran trabajo ocultando lo peor de Asgard y los Nueve Mundos. No, Thor. Los guerreros no llegan directamente al Valhalla, llegan aquí primero, para probarse y demostrar que son dignos de pisar el Valhalla.

—¿Con quién tengo que pelear?— preguntó de nuevo Thor, ahora todo el dolor en sus huesos ido, pero no su voluntad. En el Valhalla podía tener la oportunidad de comunicarse con Heimdall, de pedir consejo a sus padres y los padres de sus padres, de encontrar la manera de volver a Bruce.

—La arrogancia, Thor. Tu arrogancia. Siempre ha sido tu pecado— sonrió de nuevo Hela y acarició con una filosa uña la barba de Thor. Éste se alejó bruscamente, pero ella sólo sonrió de nuevo—. No es tan fácil. La prueba que he elegido para ti no será una batalla. Al menos no física. Sígueme.

La grisácea oscuridad de Helheim casi hirió los ojos de Thor, pero no dudó un segundo en seguir a Hela. Si tenía que enfrentar una batalla, tenía que ser pronto.

Un portal se abrió ante ellos. Hela giró el rostro y le indicó con un gesto que la siguiera, tenían que traspasar el portal. Thor se confundió aún más de lo que ya estaba.

—Creí que habías dicho que no podías salir de Niflheim.

—Y no puedo hacerlo físicamente. Nadie puede verme y yo no puedo tocar a nadie. Soy como un fantasma en los otros Mundos. Y ahora tú lo eres también— respondió ella sin el antagonismo de siempre, más bien con un tono resignado.

—¿A dónde me has traído?— inquirió Thor cuando el portal se cerró tras de ellos. Sus ojos se acostumbraron a la penumbra, y entonces jadeó, porque reconoció el hogar que compartía con Bruce en Midgard, su habitación y el ventanal que les regalaba maravillosas postales de Nueva York. Su cama adoselada en donde hacían el amor, el gran armario que estaba… destrozado.

Cuando Thor miró todo a su alrededor frenéticamente reconoció los muebles destruidos, la pintura de las paredes arrancada, como si una gran mano… Fue entonces que sus ojos se detuvieron en la figura agazapada de la esquina. Era Hulk, que sorprendente se veía pequeño, sentado en una amplia esquina con las enormes manos verdes rodeando sus rodillas. Sólo la mata de pelo oscuro desaliñado podía verse de su cabeza, enterrada como la tenía entre sus fuertes piernas.

Thor tragó en seco, y olvidándose de Hela y lo que había dicho, caminó los pocos pasos que lo separaban del gigante esmeralda. Era doloroso el simple hecho de verlo así y no aplastando.

—¿Hulk? ¿Amigo, estás bien?

La risita de Hela se escuchó en la penumbra de su antes alegre habitación. Thor no le prestó atención sin embargo, toda su concentración estaba en el gigante verde. Se arrodilló frente a él, rozó una mano en ese pelo, pero ésta se hundió sin que Hulk se inmutara siquiera. Thor no podía tocarlo. ¿Sabría Hulk ya que él estaba muerto? ¿Por eso estaba así?

De pronto unos golpes se escucharon en la puerta. Thor casi saltó fuera de su piel, pero enseguida centró su mirada en la reacción que tendría Hulk. Entonces el gigante alzó el rostro, y lo que Thor vio partió en mil pedazos su corazón. Hulk no tenía los ojos verdes, el verde salvaje y brillante que le gustaba ver en esos ojos, no. Eran los ojos marrones de Bruce, era su Bruce asomándose en los orbes de Hulk. Pero fueron las lágrimas brillantes deslizándose en las fuertes mejillas verdes lo que hizo a Thor estremecerse.

—Dejar en paz a Hulk— medio gruñó, medio suplicó el gigante esmeralda entonces.

—Bruce, por favor— se escuchó fuera de la habitación seguido de un par de golpes más. Thor reconoció la voz de Stark. Miró de nuevo a Hulk esperando alguna reacción menos devastadora que de la que estaba siendo testigo—. Loki está aquí. Trajo a tu hija para que la veas.

¡¿Qué?! Thor se sacudió la tristeza por un momento para dar paso a la total confusión. ¿Una hija de Bruce? Entonces miró a Hela girando su rostro.

—¿Qué hace Loki aquí?

—Creí que conocías a tu pequeño hermano adoptivo— fue la simple respuesta de Hela.

Thor iba a preguntarle sobre esa supuesta hija de Bruce, pero sintió una fuerte opresión en la nuca y se giró de nuevo para ver a Hulk. Los ojos marrones de Bruce parecían mirarlo ahora, y entonces, poco a poco, el verde cedió el paso al rosado, los músculos expandidos disminuyeron su tamaño sin violencia; en un instante era Bruce el que parecía mirarlo, penetrándolo con la mirada. Thor sonrió ampliamente, creyendo que Bruce lo miraba de verdad, y cuando estaba a punto de estrechar entre sus brazos a su Omega, éste limpió con brusquedad el resto de lágrimas en sus mejillas. Sorbió por la nariz y se levantó tomándose apenas el resto de tela que lo cubría, parecía un pijama. 

Thor lo siguió por la destruida habitación murmurando cosas, esperando inútilmente que Bruce lo escuchara, intentando consolar esa tristeza que él también sentía ahora mismo. Pero Bruce no lo escuchaba, se vistió con rapidez y salió de la habitación, dejando a Thor y a Hela en esa profunda penumbra.

—No entiendo… ¿Acaso Bruce piensa solamente que lo abandoné? ¿Por qué Loki está aquí? ¿Y que eso de una hija? Bruce y yo no…

—Sabes que el tiempo es diferente para los midgardianos, Thor— interrumpió Hela la diatriba sin sentido del rubio—. Aquí ha pasado un año desde que no volviste. Tu Omega sabe que moriste.

—¿Un año?— balbuceó Thor queriendo encontrar el sentido en todo esto. Entonces pensó en otra cosa y miró alarmado a su hermana mayor—. ¿Si Bruce sabe que morí…? ¿Cómo sobrevivió?

Porque era un terrible hecho —y maldición— que los Omega pocas veces sobrevivían sin su Alfa. Simplemente se dejaban morir y no pasaba demasiado tiempo para que se unieran a sus Alfas en ese otro mundo. Hela sonrió de nuevo, pero esta vez Thor pudo ver suavidad en esa sonrisa.

—Te dije que subestimé a tu Omega. Tal vez tú también lo haces. Luchó contra la bestia en su interior para no derrumbarse ante tu muerte y proteger lo que le dejaste, y luego, cuando pudo sacarla, la usó como un salvavidas. A él y a su hija.

—¿Su hija?— murmuró Thor destrozado, hasta que la comprensión lo golpeó sólo segundos después y abrió los ojos como platos—. Su regalo de Navidad, dijo que… ¿Es nuestra hija?

Esta vez la respuesta de Hela fue una sonrisa más prominente. Thor corrió fuera de la habitación, simplemente traspasó la pared y llegó a la acogedora sala de su hogar. Aquí todo se veía tal y como él lo recordaba. Su corazón palpitó alarmantemente cuando vio a la pequeña bebé. Una estúpida sonrisa se formó en sus labios cuando vio esos pequeños rizos rubios y escasos. Estaba envuelta en lo que reconoció como las finas telas de Asgard, toda una princesa. Pero algo estaba mal y su sonrisa se borró lentamente. Bruce se había envuelto entre sus propios brazos, ese gesto que demostraba su incomodidad y su miedo, y no miraba al pequeño bulto balbuceante que estaba en brazos de Loki.

—Sólo mírala— decía Tony en un gesto apaciguador, algo totalmente fuera de lugar en Stark, mirando a su Omega—. Bruce, es tu hija. Necesita de ti…

Entonces Bruce suspiró y su frente se arrugó en un gesto molesto.

—Te dije que no quería verla. No debiste traerla— dijo duramente a Loki, enseguida miró a Tony—. Y tú deja de entrometerte en mi vida, Tony. No necesito que me cuides, y ella  no necesita de mí. Crecerá a lado de su familia— concluyó señalando apenas a Loki.

Thor no podía creerlo. Bruce, su Bruce lleno de bondad despreciando a su propia hija.

—Es suficiente, Banner— gruñó Loki apretando imperceptiblemente a la bebé entre sus brazos, como si pudiera evitar que Bruce la lastimara con sus palabras—. Ella es lo único que te queda de mi hermano, al menos en honor a su memoria acepta a tu hija. Ven conmigo a Vanaheim, sal de éste lugar. Mi propuesta de unirte a mí sigue en pie. Ambos gobernaremos lo que queda de Asgard, ambos criaremos a esta niña, heredera del reino que perteneció a su padre.

Y Thor sintió que le hervía la sangre. Loki le estaba proponiendo a Bruce ocupar su lugar como Alfa con el único afán de mantener lo que había quedado de su reino. Por su puesto, con Hela confinada en Helheim y con él muerto, Loki era el único que quedaba para gobernar, lo que siempre había anhelado se había cumplido. Y con esa pequeña, no sólo heredera legítima del trono, sino siendo mitad midgardiana y seguramente poderosa como Bruce...

—No puedes ocupar el lugar de Thor en mi corazón…— musitó Bruce amargamente.

—Y no te estoy pidiendo eso— alzó una ceja Loki—. Es sólo por conveniencia. Eres un guerrero lo suficientemente poderoso…

—No lo soy— interrumpió Bruce con un fervor controlado—. Hulk no quiere pelear desde que Thor se fue. Y yo no quiero que lo haga. Ya te la entregué— añadió señalando con la cabeza a la bebé—. Es tuya, críala, cuídala y asegúrate de que sea tan valiosa como Thor.

—Bruce…

—Vete, Tony— impidió Bruce que su mejor amigo siguiera hablando, enseguida miró a Loki y ni por un segundo su mirada se detuvo en su hija—. Váyanse los dos. Déjenme en paz.

Y con eso Bruce dio media vuelta y volvió a paso rápido hasta la habitación. Thor intentó seguirlo, pero la voz de Loki lo detuvo por un momento.

—Es inútil seguir intentándolo, Stark. Ya lo escuchaste, quiere que lo dejen en paz.

Tony gruñó.

—¿Y tú eres el más contento con esto, no? Tienes en tus manos a la verdadera reina de Asgard, Bruce te la entregó y ahora tú te aprovecharas…

—Fuí sincero en mi propuesta. No quiero adueñarme de lo que perteneció a Thor— interrumpió Loki en el mismo tono molesto—. Le estoy ofreciendo a Banner una vida tranquila junto al pueblo que su Alfa amaba, junto a su hija. Si la muerte de Thor significó la muerte de Banner, no esperes que permita que esta niña sufra el mismo destino. Sabrá por mi boca quiénes fueron sus padres, cómo su padre murió defendiendo Asgard. Y respetaré la memoria de mi hermano, eso no lo dudes.

Todo parecía hacer revolución en el pecho de Thor. ¿Era verdad que Loki sólo quería darle el lugar a Bruce que merecía en Asgard (o lo que quedaba de su pueblo)? Parpadeó cuando vio que Loki y Tony salían del apartamento, el primero llevando en brazos lo que ahora mismo comenzaba a amar. Su hija, de él y de Bruce. ¿Y qué hacía Bruce? Rechazarla, borrar de su vida lo único que podía mantenerlo a flote después de perder a su Alfa. La ira se mezclaba con la tristeza y decepción en su sangre; y fue hasta entonces que sintió el gusto salado en sus labios. Estaba llorando de indignidad, de rabia, de pesar.
Corrió de vuelta a la habitación, tras Bruce. Hela ya estaba ahí, mirando penetrantemente al omega. 

—¡¿Qué crees que estás haciendo, Bruce?!— gritó el rubio intentando en vano sacudir los menudos hombros del científico—. ¡Tráela de regreso! ¡Es tuya! ¡Es nuestra! ¡No hagas esto, Bruce! ¡No lo hagas!

Gruñó con fuerza cuando Bruce simplemente lo atravesó y volvió al rincón en dónde había encontrado a Hulk. Y como entonces, Bruce gimió en agonía y se transformó. Hulk se llevó ambas enormes manos a la cabeza, como si estuviera sufriendo mucho.

—¡Estúpido Banner! ¡Parar de dejar morir a Hulk!— exclamó el gigante casi en agonía. 

Y el shock paralizó a Thor. Bruce simplemente seguía vivo gracias a Hulk. Y estaba haciendo lo posible por matarlo, por matarlos a ambos.

—¡No!— gritó Thor desesperado, tocando sin tocar el cuerpo del gigante esmeralda, gritándole a Bruce que no lo hiciera, que tenía que luchar por su hija…

—Es hora de volver— escuchó entre sus propios gritos desesperados la voz de Hela.

—¡No! ¡Tiene que escucharme! ¡Tiene que seguir viviendo!

—Es un Omega, Thor. Está en su naturaleza…

—¡No, por favor! ¡Bruce! ¡Bruce!

Y entonces todo fue silencio por unos momentos. Thor se sacudía de rodillas, llorando, todavía implorando a Bruce que no se dejara vencer. Pero sus palabras salían en susurros. Él ya estaba muerto, y no podía hacer nada por cambiar las cosas. Esta vez no.

Después de un tiempo que no pudo definir, Thor abrió los ojos, sintiéndose miserable.

—No debí ir. No debí dejarlo solo…— balbuceaba desgraciado.

—Las puertas del Valhalla han sido abiertas. Adelante.

Thor sólo pudo mirar entre lágrimas a Hela, tal vez era su cruel venganza por haberla confinado al inframundo. Quiso ofrecerle su alma entera, su libertad si era necesario, por la oportunidad de revivir, de volver a lado de Bruce y quitarle su hija a Loki. Pero sus gritos ya no se escucharon. Las puertas del Valhalla se abrían ante él y un blanco prístino cegó sus ojos.

***

—Por favor, quiero volver. Por favor…

—Thor. Thor despierta… ¡Vamos, despierta!

Thor abrió los ojos de golpe e intentó incorporarse, pero volvió a sentir un agudo dolor y una suave mano se posó en su pecho para volver a recostarse.

—No intentes levantarte. Fue una dura batalla, todavía estás curándote. Los sanadores de Asgard dicen que pronto estarás bien totalmente. 

Esa voz… tan suave y tan cálida. Era de Bruce. ¡Su Bruce! Thor volvió a abrir los ojos, sin saber en qué momento los había vuelto a cerrar. Y lo primero que vio fue la sonrisa esperanzada de Bruce. Los enormes ojos marrones enrojecidos, la piel canela —no verde.

—Bruce— murmuró apenas.

—Me alegra mucho que hayas despertado. Creo que estabas teniendo una pesadilla— respondió el Omega y se inclinó para rozar suavemente sus labios contra la frente de Thor.

El rubio encontró la fuerza para subir una mano y tomar delicadamente la nuca de Bruce, enredar sus dedos en los rizos que adoraba y mendigar por un beso en los labios. Bruce no se negó, besó a Thor con ese mismo amor que el Omega le prodigaba. Entonces todo volvió a su memoria de golpe.

—¿Esto es el Valhalla?— preguntó preocupado. Porque si era el paraíso y Bruce estaba allí con él, entonces…

—Siempre dices eso cuando despiertas en mis brazos— musitó el de rizos con una alegre sonrisa y un casi imperceptible sonrojo en sus mejillas—. Pero no. Estamos en Asgard. Heimdall fue a por mí cuando acabaste con el Destructor y perdiste el sentido. Estábamos muy preocupados. Loki y Valquiria se hicieron cargo de Amora mientras Sif te traía de vuelta al palacio. Hay mucha destrucción, pero Asgard está a salvo. Y yo no te perdí, no sé que hubiera sido de noso… de mí si te hubiera perdido— explicó Bruce bajando el tono de voz en cada oración.

Thor parpadeó y reconoció su habitación dorada en el palacio. Entonces… Respiró con profundidad y atrajo a Bruce hasta sus brazos, recostándolo a su lado en el lecho. El dolor de huesos ya no significó nada para él, no cuando tenía a Bruce entre sus brazos. Entonces reparó en el titubeo en las palabras de su Omega. Sin pensarlo llevó una de sus manos hasta el vientre cálido, y Bruce se mordió los labios.

—¿Cuánto tiempo?— preguntó Thor con una suave sonrisa, tragándose el nudo en la garganta. Porque esta vez pudo ser capaz de sentir la vida que crecía ahí. Estúpido él que no lo había notado antes por centrar su atención en las batallas.

Bruce sonrió ampliamente y posó una mano sobre la de Thor en su vientre, alzando la mirada para ver los ojos azules de su Alfa.

—Casi dos meses. El último celo… lo logramos— respondió emocionado—. Al fin lo notaste. Quería decírtelo desde Navidad, que fuera un regalo.

—Fuí un tonto al no darme cuenta. Bruce, lo siento tanto. No, escúchame— instó Thor al ver a Bruce abriendo la boca—. No habrá más batallas, no mientras tengamos prioridades en nuestras vidas. La mía: tú y nuestra hija. Asgard tiene protectores, pueden prescindir de mí de vez en cuando, ¿cierto?

Bruce frunció el ceño, cerró la boca y enseguida la volvió a abrir.

—¿Nuestra hija? ¿Cómo sabes que es una niña?

—La vi en un sueño, ya sabes, mientras estaba dormido— sonrió Thor de lado. Bruce le miró con suspicacia pero enseguida se dejó abrazar un poco más por su Alfa.

Las puertas se abrieron y revelaron a Loki, que se adelantó hasta el lecho con la ceja alzada en un gesto altivo.

—Banner, ven conmigo. Los Sanadores quieren revisarte una vez más para comprobar que tu hijo no haya sufrido consecuencias durante el viaje en el Bifrost.

—No dejaré a Bruce ir contigo— dijo Thor enseguida, apretando aún más a Bruce y apenas disimulando la mueca de dolor.

Bruce le miró divertido y se separó lentamente hasta incorporarse del lecho.

—Thor, aún tienes que sanar por completo. Así que te dejaré descansar— luego miró a Loki— ¿Estás seguro de que son los Sanadores los que quieren verme? ¿O es tu repentino instinto familiar?

El pelinegro rodó los ojos y se cruzó de brazos.

—El viaje es peligroso incluso para un simple mortal como tú. Sólo quiero asegurarme de que el próximo heredero llegue con bien al mundo.

—No soy un simple mortal, hay un Hulk dentro de mí, ¿recuerdas?— le devolvió el gesto Bruce y Thor, desde la cama, sólo pudo reír en silencio. 

Dejó ir a Bruce no sin antes besarlo de nuevo y acariciar una vez más su vientre.

—Loki— habló antes de que su hermano abandonara la habitación—. Si algo me pasa, ¿puedo contar contigo para proteger a Bruce y a nuestra hija?

—¿Hija?...— inquirió el dios de la Travesura con reticencia, luego se encogió de hombros—. ¿Qué? ¿Te volviste blando en tu sueño reparador?

—Es en serio. ¿Cuidarás de ellos? Te estoy confiando lo más valioso de mi vida.

Loki descruzó los brazos y miró con total seriedad a su hermano.

—Sabes que la respuesta es sí.

Thor sonrió a su vez.

—Una cosa más—. Loki volvió a girar los ojos pero no se marchó, esperando a lo que Thor tuviera que decir—. Quiero hablar con Hela en cuanto me recupere. Confío en que me acompañes. No lo cuestiones, por favor.

El pelinegro le dedicó una mirada aguda a su hermano, pero cabeceó en una respuesta afirmativa.

—Y Loki…

—¿Qué, Thor?— resopló Loki provocando una mueca sonriente de Thor.

—Gracias.

***

Tony recibió una palmada en el hombro que casi lo hizo trastabillar, Pepper tuvo que sostenerlo y Peter se rió maravillado. No de la debilidad de su mentor ante la fuerza del imponente Asgardiano, sino casi nerviosamente por haber sido invitado a festejar Año Nuevo en el palacio de Asgard, simplemente no podía creer su suerte. Thor sonrió ante la mueca disgustada de Tony, pero era su forma de demostrar lo agradecido que estaba de que Bruce tuviera en Stark un buen amigo. 

Los Sanadores le habían dado el permiso de ponerse de pie y, mientras no hiciera movimientos bruscos, podría recuperarse en la prudente celebración. Por salvar Asgard una vez más, porque ninguno de sus amigos había muerto en batalla, por el anuncio de la próxima venida al mundo de su primogénita, porque era Año Nuevo en Midgard y simple y llanamente porque Bruce quería celebrar junto a sus amigos.

Thor sonrió satisfecho a los asistentes, y al fin se dirigió a la terraza del salón del palacio, en dónde Bruce, vestido con una túnica púrpura de suave tela Asgardiana, miraba hacía el mar (que Thor había escogido esa vista para no ver la destrucción que estaba ya siendo reparada). Abrazó a su Omega por la espalda y le besó una mejilla. Bruce sonrió y giró el rostro lo suficiente para que sus labios se encontraran.

—Gracias por la hermosa vista— dijo en un tono dulce y bajo.

—Sólo lo mejor para ti, amado Bruce. Los mares de Asgard son verdaderamente hermosos.

—Sí, pero no me refería al mar. Me refería a eso— señaló Bruce dentro del salón—. Y a esto— añadió alzando una mano para acariciar el pecho de Thor, sin despegar la mirada de los ojos azules de su Alfa—. Thor, sé cuánto amas Asgard, y no puedo exigirte que no seas su protector. Pero sí puedo pedirte que nos quedemos aquí hasta que nazca nuestro bebé. Quiero... — apretó los ojos un instante—. Quiero saber en dónde estás, que volverás cada vez a mí. 

Thor alzó la barbilla de Bruce y asintió con tal solemnidad que su Omega no pudo sino sonreír ampliamente. Sellaron el momento con un largo y suave beso.

—¡Oigan, tórtolos! ¡En tiempo de la Tierra comienza el Año Nuevo! ¡Vengan a brindar!

Ambos sonrieron ante las palabras de Clint, y con un suspiro de Thor, mirando a la mar y dedicando un pensamiento a Hela, entrelazó sus dedos con los de Bruce para unirse a sus amigos. Asgard y Midgard unidos para siempre, y Thor se aseguraría de que así fuera.

 ~FIN~





1 comentario:

  1. Soy Vicky, lo amé de verdad, me fascinó, no hay historia más hermosa que esta y es el mejor regalo que pudiste darme... Lo voy a atesorar por siempre, muchas gracias por esto, de verdad :3

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