1/1/18

¡Feliz Amigo Invisible, Tornasolare!

Para: Tornasolare
De: Alex
Título: Endeble
Pareja: Tony x Steve
Resumen: El poder del ojo de Agamotto provoca que Steve sufra un cambio particular. Tony no sabe lidiar con la adorabilidad de su novio, pero bueno, él es Tony Stark y ama a Steve de todas las maneras posibles.
Clasificación: Mayores de 18
Advertencias: Lemon
Renuncia: Todos los personajes pertenecen a Marvel Studios.




*Endeble*

Y todo se había ido al carajo. Absolutamente.

La misión había sido exitosa, por supuesto, pero no sin consecuencias. Que a Tony no le importaba demasiado si alguno había tenido alguna herida… mientras no fuera grave. Y de todas formas, por algo eran los “Héroes más poderosos de la Tierra”. Las heridas se curaban, los moretones sanaban… pero esto… ¡Joder! Tony no estaba seguro de poder lidiar con esto.

Y todo por culpa de Strange. Bueno, técnicamente no había sido culpa de Strange, pero si tenía que desquitar su frustración, al menos el Hechicero Supremo era blanco fácil. Y lo era porque ignoraba a Tony y sus rabietas de manera espectacular, mientras Tony despotricaba todo lo que tenía que despotricar.

¿Y qué hacía culpable a Strange a los ojos de Tony? ¡Su maldito ojo de Agamotto! Esa… horrible piedra verde y brillante. Era valiosa, por supuesto, mucho. Y de vez en cuando surgía el loco de turno que se auto proclamaba “villano” y creía ser capaz de enfrentar a Los Vengadores. Aunque si algo tenía que reconocer Tony, era que el mediocre villano había logrado robar el ojo de Agamotto (lo que sumaba más culpabilidad a Strange por no saber cuidar sus cosas).

Y la cosa fue fácil, ¡vaya que sí! El ladrón estaba en custodia, Strange tenía de regreso su horrible colgante verde y Tony… Tony seguía sosteniendo en brazos a su novio.

Eso último no era tan desagradable si se pensaba con objetividad. Lo extraño era que era la primera vez que Tony Stark era capaz de sostener en sus brazos a Steve Rogers, como una dulce princesa de cuento de hadas llevada en los atléticos brazos de su príncipe azul (fue Clint el que hizo la analogía… o jodida broma a percepción de Stark).

Y es que claro, el ojo de Agamotto era una jodida piedra del infinito. Más concretamente: la del tiempo. ¿Y qué había pasado? Pues que Steve había recibido un impacto cuando el villano la había tenido en su poder sin saber manejarla bien, obviamente.

Cuando Tony al fin pudo ver a Steve, que se había desmayado con el impacto directo, se dio cuenta de que su alto, musculoso y muy suculento novio era… pequeño. Sólo así, pequeño. Su físico había regresado en el tiempo. Era exactamente el Steve Rogers que había sido aceptado en el ejército hacía más de setenta años.

Y era tan jodido.

Y era tan lindo también.

Tony se cansó de discutir inútilmente con Strange, que había alegado asqueado que el torpe villano había estropeado su querido ojo de Agamotto, y quizá le tomaría al menos una noche el poder volverlo a la normalidad con ayuda de T’Challa y Bruce. Éste último miró comprensivamente a su mejor amigo y colocó una mano en su hombro.

—Vamos, Tony. Mejor lleva a Steve a descansar, y tú también hazlo…— comenzó el científico.

—Quiero ayudar, puedo…

—Tony— interrumpió Natasha,  mirando casi —casi— con ternura el rostro tan joven e inocente de Steve en brazos de su novio—, si despierta y se ve solo y justo como era antes de recibir el suero del súper soldado, seguramente se asustará. No sabemos si tendrá recuerdos o no. Lo mejor será que estés junto a él. Estoy segura de que Bruce, T’Challa y Strange podrán arreglar pronto la gema del tiempo.

Tony miró a Bruce, pero éste asintió a las palabras de Natasha y luego Clint le hizo una mueca aprobatoria. El millonario finalmente asintió con un suspiro.

—Más vale que tengas la solución pronto, Strange. No voy a decir que no encuentro adorable a Steve de éste modo, pero no será lo mismo meterme en estos bracitos.

—Entonces que sea él el que se meta en los tuyos— comentó Clint como quien no quiere la cosa, antes de seguir a los tres mencionados y Natasha al laboratorio más cercano.

Tony alzó una ceja pensativo. Se giró en dirección hacía el pasillo de sus habitaciones y mientras caminaba y miraba cada poco la carita de Steve pegada en su pecho, pensó que Barton, aunque quisiera molestarlo como era su costumbre, tal vez tuviera un punto.

Vamos, no que a Tony no le encantara escabullirse en esos fuertes brazos o recargar su cabeza en los impresionantes pectorales… el sentirse protegido mientras Steve le hacía el amor, cuando lo acunaba… Sí, era algo que definitivamente disfrutaba y agradecía.

Pero ahora, mientras colocaba al pequeño Steve con mucho cuidado en la enorme cama que compartían todas las noches… Bueno, era también un pensamiento reconfortante el poder ser él quien protegiera a Steve de esa manera. Y no que no hubieran tenido sexo de ambas formas (ya fuera Tony recibiendo al “gran” Steve, o Steve gozar con sus atenciones, y eran muuuy buenas atenciones).

Sin embargo el millonario siempre se preguntó cómo sería tener un cuerpo más pequeño bajo sus caricias. No que no lo haya experimentado antes, con algunas chicas que eran menudas y que habían caído en su cama durante sus días de playboy. No, comenzó a preguntárselo cuando inició su relación con Steve, cuando se acostaron aquellas primeras veces, llenas de la vergüenza del súper soldado. Lo que era un tanto cuestionable porque era Tony el más “pequeño” entre los dos, y el que Steve, siendo tan grande y fuerte, fuera el que se sonrojara, bueno… Eso siempre sacaba una sonrisa de lado en Tony. El caso es que Tony había visto las fotos de archivo de Steve antes del suero; incluso una vez se habían reído juntos de cómo lucía el rubio, no porque a Tony le pareciera risible de una manera burlona, sino porque simplemente le parecía tierno, además del consabido orgullo que le producía saber los verdaderos motivos por los que su novio fue elegido para el proyecto “Renacimiento” hacía tanto tiempo.

Y ahora, mientras observaba a Steve así, tan pequeño y frágil en la inmensidad de su cama, Tony se volvió  a preguntar cómo sería…

Mientras Tony acariciaba la suave mejilla del menudo rubio con una sonrisa francamente boba, Steve comenzó a gemir bajito y a parpadear. Tony inmediatamente retiró su mano, no quería asustar a Steve. Pero se quedó junto a él, sentado en la cama.

Finalmente Steve abrió los ojos por completo y miró parpadeando lo que había a su alrededor, sin notar todavía al castaño a su lado. Entonces abrió los ojos como platos y se apoyó en los codos para intentar incorporarse.

—Shhh— acalló Tony con suavidad, posando ligeramente una mano en el frágil pecho; casi parecía una mano tamaño Hulk comparada con el angosto pecho que subía y bajaba rápidamente—. No tan rápido, Steve.

—¿Qué…?— balbuceó el rubiecito mirando por fin a Tony, a esos ojos abiertos y tal vez un poco asustados por su reacción. Parpadeó una par de veces más y frunció el ceño, y entonces fue como si la iluminación surgiera de pronto en los azules ojos de Steve, jadeó y abrió la boca—... ¿To-Tony?— tartamudeó el nombre, entre aliviado y preocupado.

Tony sonrió como pocas veces, porque era un bálsamo saber que Steve le reconocía, que sólo su cuerpo había sido afectado por la gema y no su mente.

—Hola, Stevie— saludó alegremente aunque no supo de dónde salió el diminutivo, quizá sólo una reacción a la exigua imagen de su novio.

—¿Tony?... ¿Tony qué pasó..?— preguntó Steve, pero se interrumpió cuando se vio las manos, luego bajó la mirada a su torso y finalmente a sus piernas… El traje del Capitán América le quedaba demasiado grande. Comenzó a asustarse y tornó a mirar a Tony con los azules ojos suplicantes.

Y fue instinto o… Tony no lo supo, pero aferró a Steve levantándolo (fácilmente, se dio cuenta dolorosamente) por las axilas para llevarlo a sus brazos. Las manos del pequeño rubio salieron disparadas de las enormes mangas y se aferraron al traje negro que Tony usaba bajo la armadura de Iron Man. Y fue indescriptible ser él quien abrazara de tal forma a Steve. Claro que el rubio lo había abrazado antes, muchas veces, pero el sentirlo tan pequeño, frágil y vulnerable… era increíblemente distinto, de una manera genial.

—Tranquilo, Steve. Tranquilo, cariño— susurró sin darse realmente cuenta de sus palabras, sólo quería consolar a su novio asustado—. La piedra de Strange te tocó y regresaste a ser como antes, pero ya la están arreglando y todos estamos bien. Tú también, sólo tendrás que ser paciente.

Poco a poco Steve se relajó en los brazos del millonario, y Tony cada vez se sentía más cómodo con sostener a su rubiecito. Besó su cabello y su frente, y de inmediato supo que seguía siendo su Steve, que pequeño o fuerte era el mismo enredado en sus brazos y apoyado en su pecho.

Los minutos fueron pasando estando solamente así, Steve enterrado en el cuerpo de Tony. Hasta que el rubio se quejó un poco y subió la mirada para encontrarse con la suavidad de los ojos chocolate de Tony.

—Mmm… no es que no disfrute  mucho estar en esta posición— comenzó con una leve sonrisa—, pero el traje me incomoda.

Tony devolvió la sonrisa y alzó una ceja juguetona.

—Oh, comprendo. ¿Quieres que te quite el traje?

—Tony, no soy un niño pequeño. Me veo pequeño pero… Oh— se sonrojó el rubiecito cuando descifró el doble sentido—. Ejem… bueno, quizás sea más comodo para mí no traer encima algo tan grande— añadió rebotando su mano derecha para denotar su punto cuando la manga rebasó su extremidad y su mano se perdió en la bocamanga.

Tony se rió suavemente cuando vio los rubores en las mejillas de Steve. Fortachón o diminuto, seguía siendo adorable. Vale, quizás ahora un poquito más.

Lo soltó apenas para comenzar a bajar la cremallera en la espalda. Steve quiso protestar inmediatamente, él solo podía quitarse el traje, pero al ver la expresión de Tony, concentrada y llena de ternura (esa que pocas veces podía ver en su travieso novio), se dejó hacer. Nunca fue una persona a la que le gustara que lo consintieran en exceso; se vio obligado a ser fuerte en todos sentidos durante su infancia y adolescencia, y más aun cuando se convirtió en el Capitán América. Pero se sentía muy bien ser tratado así por su novio, y nadie tenía que enterarse si mostraba cierta vulnerabilidad.

Así que permitió que Tony le desnudara gentilemente, y frunció un poco el ceño cuando el millonario tuvo que separarse totalmente para poder retirar el traje completo a través de sus delgadas piernas. Fue entonces que Steve verdaderamente se sintió vulnerable… demasiado. Porque Tony siempre había dicho que le encantaba su cuerpo grande y fuerte, y ahora… Oh, Dios… seguramente Tony le vería como el renacuajo que siempre fue en su juventud. Tan escuálido y frágil.

Steve se llevó apresuradamente ambos brazos hasta su pecho desnudo, como queriendo cubrir dicha desnudez, y una vez que Tony retiró el traje por completo, el rubio alzó las piernas en un arco. Simplemente se hizo bolita sobre la cama y parecía no querer mirar a Tony a la cara. Éste enarcó una ceja muy confundido.

—¿Qué pasa, Stevie? ¿Tienes frío?— preguntó Tony preocupado—. JARVIS, enciende la calefacción…

—No— escuchó la vocecita de Steve que salió amortiguada por esconder su rostro en la almohada, y a Tony se le antojó que salió también temerosa—. No es eso… es que… yo… soy tan…

Steve no necesitó decir nada más. Tony cerró los ojos un momento al comprender por dónde iban los tiros. Y no, simplemente Steve no podía tener una idea equivocada. Así que tiró al suelo el traje azul y se recostó de nuevo en la cama, acunando a Steve por la espalda en cuchara, rodeó con un brazo el la pequeña cintura y cubrió con su pecho la estrecha espalda. Entonces besó delicadamente la nuca, y sintió a Steve estremecerse.

—Oye, bonito— susurró en la oreja colorada del rubio, y desde su posición podía ver el fuerte sonrojo—, no tienes que esconderte de mí. Steve, te amo por lo que eres, no por cómo luces. Aunque debo admitir que me mata tu cuerpo de súper soldado, y también voy a admitir que me está matando de deseo tu cuerpo pequeño— agregó con una sonrisa y picando suavemente el costado de Steve con un dedo.

El rubiecito se tensó por un momento, pero luego Tony sintió cómo se fue relajando de nuevo, poco a poco. Finalmente Steve se atrevió a girarse para quedar frente a frente con Tony. Sus pies apenas alcanzaron las pantorrillas de su novio, lo que era doblemente vergonzoso puesto que Tony no era el hombre más alto del mundo. Diablos, tal vez Thor podría llevarlo a él, Steve,  de bolsillo, o Hulk podría utilizarlo de mondadientes. Sin embargo sus pensamientos vergonzoso fueron alejados de su mente cuando Tony tomó su barbilla y alzó su rostro para regalarle un suave beso en los labios.

Steve suspiró en ese beso. Y de pronto una enorme calidez llenó su pecho. Si alguna vez necesitaba la prueba de que Tony Stark lo amaba, esto podría ser una prueba definitiva.

—¿No es extraño para ti?— preguntó de todas formas cuando rompieron el tierno beso.

Tony sonrió de nuevo y acarició su breve cintura.

—Bueno, te mentiría si dijera que es usual, pero no es extraño— respondió—. Eres adorable así, ¿sabes? Vale, que eres adorable también en tamaño king size, pero así…— las palabras se perdieron en otro beso, uno más profundo.

—No entiendo cómo puedo gustarte así. Soy tan insignificante…

—Oye— interrumpió Tony con seriedad—. Nunca fuiste y nunca serás insignificante. Realmente, Steve… ¿Recuerdas por qué fuiste elegido para ser Miss América, verdad? Porque no quiero perder el tiempo repitiéndolo cuando podemos ocuparlo en cosas mejores— añadió ya con una sonrisa traviesa.

—No lo sé— alzó un hombro huesudo el rubiecito—. Tal vez… tal vez quieras demostrarlo, Tony.

Y la manera en que su nombre fue pronunciado hizo que Tony se lanzara a devorar la boca de Steve. ¡Mierda! Fue adorablemente perfecto el gemido que salió de esa boca, adorablemente perfecto cómo Steve subió una mano para llevarla a su nuca y aferrarse suavemente a sus cabellos castaños. Steve era, simplemente, adorablemente perfecto. No importaba su tamaño. Lo era y punto.

Steve se mostraba emocionadamente ansioso. Sentir a Tony así, más grande que él, era tan nuevo como excitante. Tenia que aprovechar el momento porque, como Tony había dicho que Stephen estaba trabajando en la gema, tal vez volvería pronto a ser el mismo de siempre. Y no quería perderse de esto. Del agarre posesivo y demandante de Tony en sus caderas, metiendo el dedo pulgar bajo el resorte de los calzoncillos que le nadaban en ellas, pronto ayudándose de ambos pulgares para bajar la prenda. Y todo mientras sus bocas no se despegaban, mientras la espalda frágil de Steve se estrellaba suavemente contra el colchón para lograr que Tony se metiera entre sus piernas y frotarse (gran ventaja que el traje negro fuera tan malditamente ajustado).

Entre jadeos, Tony se vio obligado a levantarse para quitarse con premura los zapatos, los pantalones junto a la ropa interior y la camisa, todo sin quitar la mirada de los ojos azules de Steve, que parecían querer comérselo. Pero no, era Tony el que quería comerse ese cuerpecito delgado, entrar hasta lo más profundo de ese su rincón favorito… Su pene se irguió orgulloso cuando la sola imagen atravesó su cabeza.

Sin perder más tiempo, volvió a la cama pero sin alinearse con el cuerpo de su rubio. Se arrodilló y tomó ambas delgadas piernas para abrirlas y regar besos chasqueantes en los muslos suaves. Steve rió un poco al sentir las cosquillas que le provocaban la perilla de Tony. Exactamente igual que cuando era fuerte; eso constató en la mente de Tony que era su Steve al que estaba arrullando con sus labios, y que era una extraordinaria oportunidad el poder amarlo así, pequeño y adorable.

Sus labios siguieron el camino hasta encontrarse con los testículos de Steve, besándolos y lamiéndolos con prestanza (ahí Tony se dio cuenta de que esa parte de la anatomía del rubio era ya grande de nacimiento). Los gemidos de Steve le alentaron a abandonar los suaves sacos para ir directamente al plato fuerte. El pene de Steve ya estaba erecto completamente cuando Tony hundió su boca en él. Steve arqueó la espalda todo lo que su frágil complexión le permitía, el grito ahogado música para los oídos de Tony, que lamió y succionó para seguir escuchándolo y excitarse todavía más en el proceso.

Sin embargo no llevó a Steve al orgasmo con su boca. Todavía no. Necesitaba ver esa carita llena de éxtasis. Así que besó la punta del pene de Steve con suavidad y estiró las suaves piernas en el colchón. Él reptó besando las prominentes caderas, el suave vientre y las visibles costillas. Luego se detuvo en un pezón, sintiendo cómo Steve enredaba sus dedos en su pelo, respirando fuertemente… tan agitado…

Se detuvo y subió la mirada para ver la cara de Steve. Estaba roja, los ojos vidriosos llenos de placer.

—¿Por qué te detienes…?— jadeó el rubiecito extasiado.

—Yo— tragó Tony—. Steve… tus enfermedades antes del suero… no quiero…

—Tony— sonrió Steve agradecido e iluminado—. No me siento diferente a ser el Capitán América, excepto por el tamaño de mi cuerpo. Te lo prometo, si me falta el aire es sólo por tus caricias…

—Muy bien— devolvió Tony la sonrisa, amando la afectación de Steve aunque usualmente rodara los ojos cuando la demostraba—. Entonces prepárate, Cap. Porque no tendré piedad.

—Eso espero— rió el rubiecito.

Y Tony volvió a la carga. Volvió a su trabajo en el pecho de Steve hasta dejar aquellos botones rosados y erectos. Subió a lamidas por el cuello largo y la mandíbula hasta llegar a los labios ya enrojecidos. Toda la blanca piel de Steve ya estaba enrojecida, ya fuera por la excitación o por las atenciones de Tony.

—Tony— gimió Steve suplicante—, por favor, Tony…

El millonario atendió a la demanda girando fácilmente el cuerpo de Steve hasta dejarlo sobre su pecho en el colchón. Entonces recorrió la estrecha espalda, besando cada relieve de su espina dorsal. Y sabía tan malditamente delicioso como cuando era fuerte. Era su Steve. Llegó entonces a las tenues nalgas. No eran tan protuberantes como lo eran usualmente, pero Tony pudo acunarlas en sus manos y apretar hasta hacer jadear a Steve sólo con ello. Eran como un par de melocotones, igual de suaves y antojables.

Besó también ahí, adorando la piel suave y en un momento separando delicadamente aquellos tiernos pedazos de carne. Steve tuvo que arquearse y gritar cuando esa parte tan íntima suya fue ensalivada y lamida con prestanza; cuando fue penetrado con la lengua húmeda y rasposa de Tony. Y poco bastó para que necesitara algo más, para que necesitara a Tony por completo.

—Tony, por favor— repitió en un gemido ahogado. Su pene dolía ya, pero sabía que Tony podría hacerlo correrse cuando tocara ese punto mágico dentro de él.

¿Y cómo no consentir y mimar a su rubiecito cuando le suplicaba de aquella manera y ese delicado cuerpo se estremecía de anticipación? Tony sonrió entre las nalgas de Steve y subió a besos de nuevo, sólo para girar otra vez a Steve y tomar suavemente las piernas, bajar hasta que sus bocas se encontraron y besarse tiernamente como preámbulo a lo que venía. El millonario afirmó sus rodillas en la cama y se alineó para entrar finalmente en su rubio.

Steve se arqueó, completamente lleno, gritó y maldijo cuando Tony comenzó a moverse. Y era tan delicado y tan cuidadoso… Era maravilloso descubrir que Tony podía cuidarlo de esa manera, sin embargo pronto necesitó más. Quería más de Tony.

—Por favor, Tony— jadeó aferrando sus manos en las de Tony—. No vas a romperme, lo prometo…

Y entonces gritó, porque Tony apretó su agarre en sus caderas y el movimiento aumentó en intensidad y velocidad. Así era como hacían el amor, una maravillosa mezcla entre ternura y salvajismo. Tal vez ambas características materializando sus interiores. Entonces Tony murmuró cosas, y Steve las conocía: palabras de entrega, de amor, groserías… Hasta que el rubio sintió (quizá por su tamaño) que el orgasmo que se avecinaba sería más intenso, mucho más.

Gritó el nombre de Tony tan fuerte que tal vez lo escucharon hasta el polo sur, pero no se arrepintió cuando sintió su semen salir a chorros hasta casi alcanzar la barbilla de Tony sobre él, cuando el líquido pegajoso cayó en su propio abdomen. Y casi enseguida fue Tony, con una grosería placentera, lleno de éxtasis, que se vació en las entrañas del pequeño rubiecito.

Generalmente, y cuando Tony tomaba a Steve, el millonario se hundía en el pecho húmedo del rubio. Esta vez sin embargo, el mismo Tony se dejó caer de espaldas y atrajo a Steve a su pecho, besando sus húmedas hebras rubias, abrazándolo, murmurando que lo amaba. Vale, que si así era sentirse vulnerable de nuevo, Steve no iba a quejarse.

***

—Stark, trabajamos toda la noche para poder volver a la normalidad el ojo de Agamotto— dijo entre dientes T’Challa, que tenía sendas orejas bajo los ojos.

Bruce y Strange no se quedaban atrás, los pobrecillos. Pero Tony sonrió con todos los dientes.

—Stevie y yo ya lo discutimos, y él está completamente de acuerdo. ¿No es así, cariño?— preguntó Tony mirando a Steve, todavía pequeño, tomado de su mano.

—Sí… yo…— se sonrojó el rubio—. Agradezco mucho el esfuerzo, de verdad, pero…

—Ah, ya entiendo— asintió Bruce mirándolos divertido—. Quieren seguir disfrutando de… bueno…

—No te esfuerces, Banner— gruñó Strange al ver que el sonrojo del rubio fue contagioso para el científico—. Todos sabemos de lo que han estado disfrutando.

—¡Pero sólo hasta que haya otra amenaza!— se apresuró a exclamar Steve.

—Bien— suspiró Strange—. De cualquier modo el ojo funciona bien de nuevo. Esperaré a que quieras volver a la normalidad.

—¡Espera sentado, Strange!— gritó Tony ya corriendo jalando a Steve de vuelta a su habitación.



*FIN*


2 comentarios:

  1. Akslcjsñsl Lo amé<3 thanks 4 everything honey~

    -Tornasolare

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    1. Me alegra que te haya gustado! Es genial escribir sobre Steve pre-suero, o algo parecido en este caso. Feliz año, Tornasolare!
      Y gracias, Latexita, por organizar esto e invitarme.
      Alex.

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