2/1/18

¡Feliz Amigo Invisible, Sakura Princess Yaoi!

Para: Sakura Princess Yaoi
De: Látex (Pinch-Hitter)
Título: Durazno & Melocotón
Pareja: Matt Murdock/Peter Parker  Matt Murdock/Elektra Natchios
Resumen: Elektra es fuerte. Y sabe demostrarlo cuando se da cuenta del por qué Matt no puede amarla como ella a él.
Clasificación: Para todo público.
Advertencias: Universo Alterno.
Renuncia: Todos los personajes pertenecen a Marvel Studios.




*Durazno & Melocotón*

Seguía repasando su dedo índice por sobre la suave piel. Era una sensación tan diferente a lo que había sentido antes. Podía escucharla respirar tranquilamente. Podía olerla también, el sutil aroma a sudor mezclado con el más fuerte aroma del desodorante aduraznado. Podía sentirla, acurrucada en su pecho; la suave mejilla pegada a su hombro, la respiración acompasada chocando una y otra vez contra su cuello, la suave mano rodeando casi distraídamente su cintura, los senos redondos y firmes un poco comprimidos casi a la misma altura que sus pectorales, el suave vientre, el pubis afeitado (seguramente en una forma preciosa) casi encajando con su propio sexo, y las largas piernas firmes enredadas en las suyas.


Matt suspiró no lamentado no poder ser capaz de verla, al final de cuentas podía sentirla completamente mientras él seguía arrullando con su dedo aquella estrecha espalda, y el poder sentir era algo que ahora apreciaba mucho más que el poder ver. Elektra Natchios, la chica en sus brazos, era perfecta. Y él, Matt Murdock, el brillante aspirante a abogado invidente, era todo lo contrario a ella.

Porque ella había sido como un salvavidas en la tribulación de sus sentimientos. Su cariño el consuelo ante el amor que intentaba sepultar inutilmente. Elektra había llegado a su vida justo cuando más la necesitaba, adecuado o no. Y Matt era consciente de que lo que verdaderamente le hacía permanecer a lado de esa maravillosa chica era su propia culpa.

Y era tan doloroso, mucho más porque Elektra, demostrando siempre su fortaleza, nunca le había dicho con palabras lo que le demostraba con hechos. La forma en que suavizaba el tono de su voz cuando estaban juntos, las palabras rayadas en la ternura cuando estaban a solas, su increíble preocupación por él, aunque él no necesitara que ella se preocupara por su ceguera. El simple hecho de estar ahí junto a él en los momentos bajos…

Suspiró de nuevo.

Matt no necesitaba que Elektra dijera las palabras mágicas. Y si era sincero consigo mismo, tampoco quería que las dijera. Entonces él no sabría cómo responder. Mentir no era tan difícil (el mismo se mentía todo el tiempo). Podría fingir que correspondía enteramente a los sentimientos de la chica, pero la única verdad era que el mentir precisamente en ello sólo lo hundiría más profundo en el pozo que él mismo cavó para sí, tan profundo que quizá ya no habría manera de salir.

En algún momento (y tendría que ser pronto), Matt tenía que ser sincero con la chica que había logrado poner una sonrisa sincera en su rostro. Porque era ya definitivo que no podría amarla como ella necesitaba, y tampoco sería capaz de seguir alimentando ese cariño. No podía seguir lastimándola.

Ahora mismo, mientras compartían cama… bueno, era sólo el consuelo mutuo. No habían pasado más allá de caricias lascivas, de sentirse desnudos uno contra el otro. Quizás era el nulo pudor de la fuerte griega, o el hecho de que no conocería la timidez frente a Matt. La invidencia tenía sus ventajas. Y Matt, justo como ahora, terminaba pensando que sólo se aprovechaba de lo que Elektra podía albergar en su pecho por él.

***

El agua tibia siempre era un desahogo para Elektra. La joven universitaria encontraba en la ducha diaria un momento para estar consigo misma. Lejos del bullicio de la vida en el campus y de sus bulliciosos compañeros de clase. De los imbéciles que creían que podrían tener acceso a ella por el simple  hecho de respirar el mismo aire. No, Elektra siempre fue selectiva. Le gustaba jugar y coquetear como cualquier chica en su posición y edad. Los hombres jóvenes —y no tan jóvenes— eran cabezas llenas de paja, y como en cualquier pajar, siempre había basura; en éste caso, basura erótica.

Elektra se sabía guapa, dominante y ruda. E inalcanzable, eso jamás lo dejaba en duda cuando utilizaba las artes marciales aprendidas en su niñez para frenar cualquier estúpido intento de acoso. Y claro, también era inteligente. Sabía de sobra que había chicos en los qué encontrar un diamante en el pajar de sus cabezas. Pero generalmente esta clase de tipos no se acercaban a mujeres como ella por simple complejo de inferioridad y falta crónica del sentido de la aventura.

Había alguien sin embargo que había llamado su atención casi de inmediato. Y no, no había sido porque Matt Murdock fuese uno de los pocos estudiantes con alguna discapacidad física en la Universidad de Columbia. Era porque, a pesar de dicha discapacidad, Matt era capaz de demostrar que valía mucho más que aquellos imbéciles y aquellos cobardes; era capaz de convertir su “debilidad” en una ventaja. Y había cierta melancolía en él que, por alguna absurda razón, la atrapó de inmediato.

Elektra había pensado en un principio que Matt era melancólico debido a su ceguera y su infancia (como sería lo más lógico). Y con ese pensamiento ella dio los primeros pasos para acercarse a él. Y lo hizo como era ella: inteligente. No mostró el mínimo de lástima porque no la sintió jamás por alguien como Murdock. Y entonces Matt dejó de ser una curiosidad para convertirse en casi una necesidad. Eso la hacía débil, pero a Elektra no la carcomía el hecho de mostrarse vulnerable, era también parte de su fuerza. Permitió que Matt se colara poco a poco en sus pensamientos, y ella se expuso ante Matt con el deseo de que él sintiera algo parecido a ella.

Ahora, bajo la regadera de la habitación de Matt en el campus, Elektra comenzaba a comprender que tal vez él no era capaz de sentir algo como lo que sentía ella. “Un sexto sentido femenino”, le habían dicho sus amigas. Pero Elektra no podía engañarse con ese tipo de bobadas. Elektra era inteligente, y le gustaba sentirse como tal. Así que aceptó, mientras envolvía su cuerpo atlético en la suave toalla, que tal vez había equivocado sus pasos. Aceptó con un suspiro tembloroso, una vez que se puso la ropa interior roja, que la melancolía de Matt tenía nombre y rostro.

***

La Universidad de Columbia había significado un gran cambio para Peter Parker. Mudarse de Nueva York un gran paso que, si bien había dudado mucho en dar por la preocupación que tía May le provocaba, ahora mismo no podía arrepentirse del todo de ello.

Tía May había sido muy comprensiva, igual que toda su vida juntos, y le había hecho ver a Peter que tenía que emprender su camino con sus propias alas. Vale, que había sido algo así lo que la mujer que era su segunda madre le había dicho.

Por supuesto, el mudarse de ciudad para estudiar bioquímica no había sido una decisión únicamente basada en las buenas referencias académicas. Había sido más bien el anhelo de un reencuentro.

Peter, joven y entusiasta, había llegado al campus con una enorme sonrisa esperanzada. Sin embargo pronto esa esperanza fue rota en pedazos. Se sintió miserable, porque aquellas palabras que había estudiado una y otra vez durante las semanas de preparación para ingresar a la universidad ahora no valían nada, ni siquiera para sus propios oídos.

Si había aceptado la beca que le ofrecía la Universidad de Columbia, fue más bien porque sabía que Matt estaría allí. Que quizás lo habría esperado, que tal vez había guardado ese cariño que dijo sentir antes de que él se marchara  primero.

Las primeras semanas fueron una tortura y desasosiego. Intentó por supuesto acercarse al estudiante de segundo año, pero sólo recibió indiferencia. Y después… el horrible puñetazo de haberlo visto besarse con esa guapa chica pelinegra. Pero entonces decidió que no podía huir como un cobarde ante su futuro. Enterraría, tal y como hizo Matt, las palabras y las castas caricias. Hizo la promesa de no engañarse a sí mismo como hacía Matt… o engañar a otros como hacía Matt.

Peter Parker no sabía que desde que pisó el campus, Matt Murdock procuraba pisar el mismo lugar que él para, al menos, oler su aroma. No sabía que era observado sin ser visto. Y lo único que hizo fue estudiar mucho, tal vez conseguir el cambio de universidad que había solicitado en cuanto terminará el año…

***

Ella sabía de sobra dónde encontrarlo, en qué lugares había estado. La ventaja de su vista era nula en comparación de la ventaja de Matt sin goza del sentido. Lo había notado despacio, no porque fuera despistada o pretendiera que lo suyo con Murdock prosperaba como las novelas clásicas, sino porque el invidente era tan habilidoso en ocultar sentimientos —los verdaderos— como en utilizar más allá de la maravilla los otros sentidos humanos aparte de la vista.

Matt había sido tan sutil, y Elektra era maestra en leer sutilezas.

Miró la espalda estrecha y los hombros enjutos, el avance entusiasta de aquel chico castaño. Nunca antes le había puesto verdadera atención cuando lo veía de lejos por los terrenos del campus. Simplemente el chico había sido invisible para ella, como la mayoría de novatos que inundaba de alegría los pasillos y aulas antes de que la vida universitaria los volviera paranoicos y lóbregos. Pero no pasó tanto tiempo para que comenzara a notar que, casualmente (y no tan casual después), Matt, tomado de su brazo y apoyándose de su bastón, casi la obligara a pasar por los caminos acabados de recorrer por ese chico.

Fue la noche anterior, sin embargo, antes de desnudarse y desnudar a Matt para simplemente sentirse y relajarse uno en brazos del otro, que Elektra sepultó el último vestigio de esa posibilidad en la que Matt no la amaba como ella quería.

Aquella libreta vieja y raída había caído accidentalmente del morral de Murdock, y Elektra sabía que si éste hubiera estado con ella en la habitación en ese momento, fácilmente la hubiera descubierto husmeando en las hojas rayadas. Tal vez incluso hubiera cuestionado la horrible tensión que su cuerpo desprendió cuando descubrió las palabras mal rimadas, los dibujos rayando en infantiles pero con un significado más que evidente.

Todavía se permitió un minuto entero para cuestionar si aquellas enrevesadas declaraciones de amor habían sido, quizás, de un amor infantil. Pero no. El mensaje era más que claro.

Así que se uso toda la fortaleza, madurez e inteligencia que presumía. Lo siguió hasta que él se sentó bajo uno de los viejos cipreses que adornaban las grandes jardineras, lejos también del bullicio general.

Peter la sintió sentarse a su lado, pero no despegó la mirada de su lectura. Le sorprendía que fuera precisamente esa chica con la que jamás había interactuado y con la que no quería tener ningún tipo de acercamiento, la que se aproximara a él. Sintió de pronto su corazón latir con fuerza, porque era evidente que ella había ido con un propósito. ¿Tal vez Matt le había confesado al fin que antes de besarla a ella, mucho antes, le había besado a él? De cualquier forma, Peter no se permitiría un escándalo por algo que ya tenía perdido. Si ella había ido a reclamarle, a exigir que no se acercara a Matt, tendría por default el juego ganado.

—Es un hombre valioso— fue lo primero que dijo ella con un suspiro tenue.

Evidentemente ella se refería a Matt. Porque Peter pensaba igual, a alguien como Matt sólo podría llamársele hombre, incluso él lo había hecho en las tontas y cursis declaraciones de amor que había escrito en su libreta perdida hacía tiempo. Esas en las que confesaba todo lo que Matt le hacía sentir, a sabiendas de que él no las vería jamás. Peter finalmente cerró el libro, dándole a entender a la chica que la escuchaba, pero siguió sin mirarla. Tampoco respondió, porque no tenía nada qué responder.

—¿En dónde fue?— preguntó ella entonces.

Peter se atrevió a mirarla de reojo para comprobar que ella tampoco lo miraba. Con Matt había aprendido (habían aprendido, constató) que los ojos no eran la verdadera ventana del alma.Parpadeó un par de veces y se encogió ligeramente de hombros.

—Hell’s Kitchen— respondió al fin, nunca había sido un cobarde y no comenzaría ahora—. Es un barrio de…

—Manhattan. Lo sé— sonrió ella de lado—. ¿Tú también vivías ahí?

—No. Queens— y lo dijo con un tono parco tal vez. Pero quería hacerle saber a ella que no diría más. Esos recuerdos eran suyos y de nadie más.

—Eran unos niños— comentó ella casi taciturna.

Peter parpadeó de nuevo, y esta vez sí giró el rostro para mirar el bello perfil de la chica. Parecía estar perdida con la vista del atardecer en el horizonte, más allá de los edificios de Ciencias. Y la luz anaranjada bañaba su  azabache cabello y su piel había tomado el color de los duraznos en primavera.

Apretó los ojos y volvió a centrarse en la tapa de su libro. Ella era hermosa, salvaje y hermosa. Matt no se enamoraba de un cuerpo y una cara, sino del interior. Debía dejar el pasado en el pasado y entender que ella había ocupado su lugar, o al menos el lugar que él ingenuamente había pensando tener.

—¿Sabes?— habló ella de nuevo, porque Peter simplemente no sabía qué decir ante su presencia. Se equivocó al pensar que ella gritaría y se volvería histérica; aunque quizás eso habría sido mejor que esto. Esto era tortura innecesaria— Cuando él me toca, sé que no está pensando en mí… Lo siento— se retractó de inmediato cuando Peter giró el rostro por completo para mirarla de lleno.

Elektra tragó en seco. Así no era como quería llevar la conversación; se había jurado no hacer de esto un reclamo llevado por los celos. Quería a Matt demasiado para hacerle esto. Y este chico... Suspiró pesadamente, porque era tan fácil imaginarlos juntos, riendo, compartiendo suaves caricias, esas que Matt le había dado a ella sin pensar realmente en ella.

Oprimió los labios y sacó la vieja libreta de su bolso. Escuchó el leve jadeo de Peter Parker a su lado, y cuando lo miró a los ojos por fin, vio lo que ella no había querido ver antes, lo que la hacía más ciega que el propio Matt.

—Esto te pertenece— le dijo volviendo a su seriedad habitual, depositando gentilemente la libreta sobre el libro entre las manos de Peter—. Y tú le perteneces a él. Vuelve a él.

—Él no…— comenzó Peter a negar con la cabeza, toda una revolución de sentimientos taladrándole el pecho, casi dolorosamente.

—Cuando la gente está confundida, sólo hace falta guiarlos de nuevo al sendero correcto. Yo he comenzado ahora, el resto te corresponde a ti. Y con Matt, bueno, sabes que necesita que alguien le tome la mano.

Y Peter Parker vio a esa increíble chica alejarse entre los edificios del campus, a la luz del atardecer, con el tono aduraznado de su piel.

***

Esta vez una leve sonrisa adornaba sus labios, y no pretendía ocultarla. Matt recorría la suave piel de Peter. Diferente la sensación, por supuesto. Y diferente la reacción. Escuchó el leve gemido soñoliento, sintió cómo el delgado cuerpo se enterraba más en su cuerpo, pecho con pecho, el sólido roce de dos miembros masculinos. La respiración intermitente de quién ha respirando agitadamente no hacía mucho rato. El aroma… dulce como el melocotón, el almizcle del sexo, tan embriagante como la entrega.

Subió una mano para acunar los cabellos ondulados, para enterrar su nariz en ellos y encundarse de su aroma. Ese que por cobardía había perdido hacía tiempo, y que por la misma cobardía había recuperado.

Porque Matt Murdock, hasta el momento en tuvo a Peter así, desnudo como él y acunado contra su cuerpo, fue libre de pensar, sentir y decir que amaba por fin.

~*~

¡Mi querida Sakura! Espero que te haya gustado aunque sea un poquito tu regalo. Como verás, tuve que hacerlo con la inspiración de... menos de dos horas. Pero te aseguro que con todo el cariño de mi kokoro.
Sé que amas el lemon (pícarona xD), pero en serio mi cabeza no dio para ello... De hecho creo que peca de ser demasiado fluff. Por alguna razón, Elektra se me vino a la cabeza de manera alarmante, en serio. 
Pero bueno, espero que sepas que te deseo un año genialoso, y agradezco que hayas formado parte del Amigo Invisible. ¡Te mando un gran beso y abrazo de oso polar!
Látex.


2 comentarios:

  1. Lo amé demasiado, como no tienes una idea. La manera en que retrataste el modo de ser de Elektra y cómo conocía los sentimientos de Matt fue realmente hermoso. Las descripciones de Peter y Matt juntos, así como de Elektra con Matt, fue muy sensual, muchas gracias por darte el tiempo de hacerme ese hermoso regalo.

    A mi hermana igual le encantó por cierto, y dice que tus dibujos para el intercambio son muy lindos y tiernos.

    Un abrazo!!

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  2. ¡Me alegra mucho que te haya gustado! E igual que le haya gustado a tu hermana ^^. ¡Ah, muchas gracias! Los chibis son lindos y tiernos :D. ¡Saludos a las dos! :*

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