1/1/18

¡Feliz Amigo Invisible, LynValo!

Para: Lyn Valo
De: Keena Sigrunn
Título: Ice Cream Kiss
Pareja: Steve Rogers x Maria Hill
Resumen:  Steve encuentra la oportunidad de pedirle a Maria una cita después de mucho pensarlo, no sólo por lo que conllevaba sus trabajos, sino por la dura personalidad de la guapa lugarteniente de Fury.
Clasificación: Gen (para todo público)
Advertencias: Ninguna.
Renuncia: Todos los personajes pertenecen a Marvel Studios.






  *Ice Cream Kiss*

Steve conoció a Maria por primera vez poco después de volver al almacén al regresar  de su huida hasta Times Square  después de despertar de su sueño en el hielo.  Fury todavía le explicaba que estaba en el siglo XXI  cuando ella apareció con un montón de folders un tanto desgastados y con el símbolo del SHIELD en la mano.


—Director Fury, el Consejo Mundial solicita una conferencia urgente para hablar sobre el estado del Capitán.

Fue como ella los saludó apenas cruzaron la puerta. Ella apenas le dirigió una mirada totalmente profesional que contrastaba con las miradas curiosas o emocionadas que le daban algunos agentes detrás de ella.
Fury maldijo por lo bajo, apenas audible y los dejó solos asegurándole a Steve que la mujer era de su entera confianza.

Ella se presentó como la subdirectora de SHIELD; le dio los folders que tenia y que dentro contenían información sobre sus compañeros de los Comandos Aulladores. Después sólo le  brindó la ayuda suficiente para entender cómo usar una computadora, un teléfono y a dónde ir para comprar cosas que iba a necesitar para armar una nueva vida.
Tal vez fue ahí cuando ocurrió. Hill había sido amable (sólo lo suficiente como para no resultar falsa), profesional y algo controladora.  Mientras le explicaba la nueva forma en la que funcionaba el mundo, sus fieros ojos azules le miraban cada tanto para asegurarse que había entendido cada cosa y podía controlar a los agentes del almacén como si fuera una orquesta bien afinada.
En ese momento él estaba lleno de demasiadas emociones que no se le ocurrió pedirle una cita. Sin embargo quería conocerla más allá del uniforme al que ella se aferraba como una armadura contra el mundo entero.
Después vino Loki,  la invasión de Nueva York y todo fue una locura. Steve no había asistido a tantos funerales desde la guerra y jamás hubiera imaginado que volvería a hacerlo. Eso había puesto demasiados sentimientos a flor de piel para pensar en algo más que la reconstrucción de la ciudad. Además, a pesar de estar consciente de su enamoramiento, no estaba seguro de si eran tan siquiera un poco correspondido.
La oportunidad de hablar con ella y pedirle una cita llegó en forma extraña, en realidad fue gracias a un descuido mientras estaba en la torre.
—Cap, ¿has visto la agenda de esa mujer? ¡Trabaja mientras duerme!— repitió Tony por al menos quinta vez, haciendo que Steve se arrepintiera inmediatamente de haber dejado en la sala común su cuaderno de dibujo en lo que iba a buscar un vaso de jugo.

—Una vez la invité a salir. Me pateó la cara y me citó el reglamento de convivencia de SHIELD.  Fue el sermón más largo y doloroso de mi vida— secundó por primera vez el arquero del grupo que al parecer se había cansado de escuchar al millonario repetir el mismo comentario en tanto miraba el cuaderno de dibujo de Steve.
Dicho cuaderno contenía bocetos de edificios, paisajes, algunos retratos de cómo recordaba a antiguos amigos y algunos otros de Los Vengadores, pero había unos dibujos que llamaban mucho la atención: todos eran de Maria Hill. Las veces que su rostro aparecía en el cuaderno sobrepasaba a los de cualquier otra persona en él y Steve ni siquiera había estado consciente hasta que Tony lo había mencionado junto a un comentario sobre que casi parecía un acosador. Para él solo habían sido un montón de dibujos de alguien que era increíblemente inteligente, valiente, hermosa, además de alguien digna de admirar.
Cuando el rubio pensó que las cosas no podían empeorar… lo hicieron.  El elevador se abrió revelando a Black Widow  y a la mujer que era su musa.
Sus dos compañeros Vengadores emprendieron la huida hacia las escaleras, no sin antes entregar el maltratado cuaderno de dibujo dejando totalmente a la vista donde estaba uno de los últimos retratos en acuarela de la castaña al que más tiempo había dedicado.
Ambas mujeres miraron el dibujo con interés en silencio, hasta que la pelirroja dijo algo en ruso mirando a la subdirectora y se despidió de ambos con un movimiento de cabeza antes de emprender la marcha en la misma dirección que habían tomado Clint y Tony.
Steve tragó saliva de forma casi dolorosa, listo para cualquier reclamó de parte de la agente.
—Capitán…— dijo Maria retirando la vista de su retrato.
—Hill... Maria. ¿Me… me dejas llevarte a una cita?— se encontró él sorpresivamente  pidiendo antes de que ella dijera algo más.  No era el momento que pensaba correcto, pero sentía que si no era ese exactamente, no existiría otro instante para hacerlo.
Hill lo miró como si le hubiera salido una cabeza extra,  haciendo que el rubio mirara de reojo sólo para comprobar que no era así (por si acaso. Ya nada le sorprendía últimamente)
—Si sólo quieres acostarte conmigo no tienes que esforzarte tanto— alegó Maria con acidez.
—¡No! No sólo quiero acostarme contigo— replicó el rubio al instante. Poniéndose colorado al darse cuenta del alcance de sus palabras. Pero agradeció haberse detenido ahí, en lugar de darle un discurso de todas las razones del porqué quería una cita con ella.
El azul de sus ojos chocó con los zafiro de la agente que lo inspeccionaron atentamente. Tal vez buscando una mentira, ponerlo nervioso o algo más.
—Bien, tengo libre el sábado. Mantelo casual— cedió ella por fin, dándose la vuelta de regreso al elevador y dejando a un Rogers tembloroso de emoción en el medio de la sala.

Una vez que Maria entró al elevador, Steve cayó por un momento entre el pánico de no saber qué era con exactitud "mantenerlo casual" y la emoción de al fin tener una cita con la mujer que plagaba sus pensamientos. Sobre todo se encontraba agradecido de que no le pateara la cara y le citara cualquier tipo de reglamento que existiera debido a su pequeña relación de trabajo, pero también se preguntaba porqué había aceptado.
Los días pasaron rápido; Steve no tuvo mas contacto con Maria más que para decirle que irían a un partido de fútbol , que había sido lo más casual que se le había ocurrido después de preguntarle a Natasha a qué se refería la subdirectora con "mantenerlo casual" y preguntarle el lugar dónde la recogería. Ese momento fue un tanto incómodo ya que había sido en la sede de SHIELD en Nueva York, lo que había llamado la atención de algunos agentes que habían estado presentes al momento de la conversación.
Para el final de la semana cuando fue a recoger a Hill a su lugar de trabajo, estaba casi seguro de que toda la cede estaba enterada que ellos tendrían una cita. (Los espías al parecer no estaban exentos del cotilleo).  Pensó en llevarle un ramo de flores o un regalo, pero eso no parecía quedar con el tipo de cita que tendrían. Tampoco quería quedar como un tipo demasiado anticuado (tenía suficiente con las burlas de Tony), así que al final optó por llevarle una pequeña maceta con una hermosa dalia color naranja y unos pequeños brotes en la misma planta.

La agente lo agradeció sorprendida por el detalle y la originalidad, aunque le advirtió que tal vez la planta moriría bajo su cuidado al no poder estar demasiado en casa para cuidarla, pero igualmente abrazó el regalo durante el camino.

El camino al estadio fue tranquilo. Maria se sujetaba al cuerpo del rubio con confianza y se movía en sincronía a las inclinaciones que hacía la moto.

Su cuerpo, aunque menudo, se sentía firme y cálido contra la espalda del súper soldado, contrastando con el frío aire del otoño.
Antes de que comenzara el partido compraron cervezas y un montón de hot dogs para alimentar el metabolismo del capitán. La morocha se había reído un poco de él al comentar con doble sentido lo conveniente de un metabolismo como el suyo, y Rogers se alegró al encontrarse con ese lado más relajado de ella.
Ella gritó con molestia cada que algún jugador  (de cualquier equipo) no hacía lo que esperaba o algún entrenador mandaba a hacer movimientos absurdos, e hizo lo mismo cuando hacían lo que ella esperaba según sus capacidades. Durante el  tiempo que duró el partido, se tomó el tiempo de explicarle a Steve las posiciones, el deber de cada jugador,  sus estadísticas en lo que iba de la temporada, que en sus tiempos libres jugaba fútbol de fantasía y por eso conocía tan bien a cada uno de los jugadores. Durante toda su diatriba sonreía como el rubio jamás había visto, tanto que incluso se habían borrado las lineas de tensión en su rostro.

Y claro, Steve jamás se había divertido tanto escuchando y viendo un juego del que apenas entendía. El béisbol le parecía un poco más sencillo que comprender el porqué el árbitro decía que había demasiada gente en el campo y había que repetir la jugada, o porqué había que hacer un saque en tal o cual yarda, pero al final le interesaba aprender algo sobre lo que Maria era tan apasionada.
—Gracias por esto, fue muy divertido de verdad— dijo Maria  durante su caminata hacia la moto al finalizar el espectáculo. Su voz sonaba algo ronca de tanto gritar durante el juego.
—Me alegra que te hayas divertido— contestó él algo cohibido, pero con una sonrisa cruzando su rostro mientras jugueteaba con las llaves del vehículo— ¿Quieres ir a tomar un helado? Conozco un lugar que vende el mejor helado de chocolate de Brooklyn— agregó un segundo después. No era algo que había planeado, pero no quería separarse de ella todavía.

—Claro, ¿por qué no?
El lugar que Steve presumía como el mejor helado de la ciudad era un pequeño local familiar en un edificio de ladrillo rojo bastante típico en un barrio como aquél. Por dentro estaba decorado con un estilo bastante clásico y sobrio en colores claros, que encajaba perfectamente con todo. Un par de mesas para dos en la acera y cuatro mesas más adentro que completaban el mobiliario del local
El lugar estaba casi lleno al ser fin de semana a pesar del clima, y sin embargo sólo había un hombre casi anciano y un adolescente detrás del mostrador.

El anciano  saludo a Steve con amabilidad y por su nombre, e insistió en darles su mejor mesa a lado de la ventana a la calle.
Ellos pidieron un par de helados, de nuez para Steve y de chocolate para Maria; finalmente fueron a sentarse en la mesa que les habían ofrecido.
Entre cucharada y cucharada Steve le habló a Maria un poco sobre su infancia en el barrio, de un par de sus aventuras junto a su mejor amigo, de cómo había cambiado el barrio durante  los setenta años que había dormido, pero también le habló de lo que se había conservado casi de la misma forma.  Algo que no había hablado con nadie desde que había despertado.
Maria respondió a ese ambiente de confianza de la misma forma contándole la parte buena de su infancia a lado de su padre, lo mucho que amaba la pizza de un lugar llamado Vinnie's en Georgia al que iba cada fin de semana antes de entrar a la marina.
Por un momento también hablaron sobre los demás Vengadores, pero se detuvieron cuando la charla comenzaba a ponerse demasiado seria; entonces comenzaron a hablar de béisbol y se enzarzaron en una "amable" discusión sobre si los Cubs de Chicago eran mejores que los Yankees de Nueva York durante la temporada, lo que terminó con la promesa de ir juntos a ver un partido (si no tenían ninguna emergencia nacional) y la mitad de sus helados derretidos.
—¿Por qué aceptaste salir conmigo?— preguntó el rubio, haciendo a un lado su copa de helado.  La tarde había sido increíble, pero se sentía que no llegaban a ninguna de las partes que buscaba así que tenía que poner el tema sobre la mesa.
Hill jugueteó con su cuchara antes de levantar la vista.
—Eres el mejor hombre que he conocido en mucho tiempo.  No creía que cualquier cosa que pasará entre nosotros (si llegara a pasar) fuera a funcionar hasta que vi el retrato que hiciste de mí— contestó con total seguridad en la voz. Sus fieros ojos azules no parecían dispuestos a aceptar una replica a su respuesta.
—No entiendo.
— Cualquier hombre que me vea como me ves y que me dibuje de la forma en que lo hiciste merece una oportunidad.

—Tony dice que es un poco de acosador que te dibuje.
— Me hiciste ver bien mientras empuñaba un arma de fuego, y Stark puede irse al diablo con sus comentarios.

Fue difícil para Steve no reírse de eso último, así que mordió los labios y la miró de nuevo.

—No fue muy difícil, eres hermosa— replico sin chistar.  De alguna manera habían quedado a un palmo de distancia con la dalia desprendiendo su suave aroma entre ellos, formando una atmósfera todavía mas agradable. Si alguno lo había notado no lo mencionó.

Maria soltó un hondo suspiro antes de sujetarlo de ambas mejillas y darle un beso corto en los labios que ni él mismo esperaba.

Cuando el pequeño contacto terminó, ella lo miró a los ojos, apenas un segundo antes de volver a unir sus labios. Un nuevo toque, una tentativa y una invitación.  Invitación que fue bien recibida y aceptada por el rubio que apenas salía del pequeño shock. Los labios de ambos todavía estaban fríos debido a los helados, pero eso desapareció apenas finalizaron el beso, dejando solamente la agradable mezcla de la nuez y vainilla en la boca de ambos.

—¿Crees que funcione?— cuestionó Maria brindándole al supersoldado una de sus raras sonrisas. No se había alejado demasiado de él y paseaba con el dedo índice el borde de la maceta.

—¿Acaso crees tú que no funcionará? Yo quiero que funcione. ¿Qué sientes tú ?— preguntó Steve.

— No estoy segura de estar juntos, no con el trabajo que ambos tenemos.

Maria era directa y no acostumbraba a andarse con rodeos ni siquiera tratándose de una primera cita (a menos que fuera con un civil). Sabia que el trabajo de ambos estaría primero, los dos tenían compromisos y responsabilidades que tenían que cumplir. No pensaba pedirle a Steve nada que ella misma no estuviera dispuesta a cumplir.

— Tomemos esto con calma—. El soldado besó la frente de la morocha, justo donde comenzaban a formarse algunas líneas de preocupación y que desaparecieron con el gesto—. Tengamos otra cita y si no hay otra emergencia mundial sabremos que funcionará.

— Esta bien, pero no me convencerás de que los Yankees son mejores que los Cubs— bromeó ella.

— Yo no lo haré, lo hará el equipo cuando los veas en acción.
Pidieron más helados y continuaron hablando (con leves interrupciones para saludar a los chicos del barrio que reconocían a Steve), hasta casi la hora del cierre. Después de todo, aquella primera cita y aquél primer beso parecían más que prometedores.



*FIN*



1 comentario:

  1. Lo adoré, me pareció súper tierno <3 Gracias por esto <3
    ((Sip, soy LynValo)) :D

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