1/1/18

¡Feliz Amigo Invisible, Alex!

Para: Alex
De: Tornasolare
Título: Your Cherry Lips
Pareja: Bucky x Steve
Resumen:  Steve está a punto de tomar una gran decisión, Bucky también. Ambos deciden que ninguno puede hacerlo sin el otro, sin el sabor de las cerezas en sus labios.
Clasificación: Gen (para todo público)
Advertencias: Ninguna.
Renuncia: Todos los personajes pertenecen a Marvel Studios







*Your Cherry Lips*

Abrió los ojos con desesperación, su brazo metálico palpaba con ansias, buscando algo que le anclara a tierra, que le salvara. Sin embargo no había nada, sólo sábanas, monocromáticas y arrugadas.

Se quedó un momento intentando comprobar lo que ya sabía; estaba a salvo. Aunque siempre lo dudaba, dudaba no estar soñando o bajo el efecto de una droga, y si así fuera; no le sorprendería en absoluto.
Se levantó casi de un salto, encaminándose al balcón.

Aquel balcón era algo así como su escape, su ancla. Odiaba los lugares fríos, cerrados y oscuros,  había tenido suficientes de ellos.

Pudo hacer un cálculo rápido, concluyendo que eran casi las tres de la mañana, cosa que aprendió en el ejército. Aún estaba oscuro, pero el aroma de la inconfundible llovizna matutina era un claro indicio de una madrugada en Brooklyn, su hogar. Aquel que comenzaba su diaria andanza mucho antes que los neoyorquinos, antes que Steve; pero no antes que él, probablemente la ciudad no le reconocía como suyo, tal vez no pertenecía allí.

Lamentablemente, aquél balcón no sólo le ayudaba a relajarse, sino también a recordar, a que las heridas pudiesen abrirse de nuevo.

Recordaba el dolor punzante y los gritos, el frío y la lucha. Recordaba luchar y luchar con todas sus fuerzas. También recordaba el único pensamiento que aún lo mantenía vivo. «No puedo dejarlo solo. ¿Quien va cuidarlo si no soy yo?»
Pero ahora todo tenía una respuesta, un sentido; y por más que doliera como el infierno, era lo correcto.
Recibió una serie de mensajes de Steve la noche anterior; unos que no se animó a responder, aquellos que le tenía despierto ahora:
«Su madrina me envió unas fotos con su vestido. Es blanco y bastante extravagante»
«Buck. Creo que mi traje no es muy apropiado»
«¿No vendrás a la torre? Todos preguntan por ti. Tony organizó ésta despedida por semanas»
«Buck… ¿Crees que hago lo correcto?»
«¿Bucky?»
«Descansa...»
No sabía si catalogarse como un cobarde o tal vez retribuir aquello a la “inexperiencia”, aunque él estaría consciente de la gran mentira que era aquello.

No le había costado acostumbrarse a ésta época, la tecnología, la gente, el pensamiento; tal vez el que estaba adelantando en los 40’s era él. Todo ahora era más fácil. Excepto contestar los mensajes de Steve, claro.
La ciudad de Nueva York hoy despertaría con un aire nuevo, emocionado. Su icono iba a contraer nupcias. El Capitán América se casaría al fin.
Aquel pensamiento agotó mucho al castaño, por lo cual abandonó aquel balcón dirigiéndose al colchón que solía ocupar como cama. Se acostó allí y, mirando al techo, rogó por una siesta tranquila, sin malestar.
Después de todo, al parecer no había rogado lo suficiente.
Se miró al espejo, llevaba un traje, elegante y hermoso. Tenía unos dieciséis años, pero con aquel traje se le veía aún mayor.

Un uniforme verde olivo que adornaba su ancha espalda y su imponente figura. Sin placas aún.
Era un fresco 10 de marzo, su cumpleaños número dieciocho.
Hace como tres años que había dejado de ser el hijo modelo y le había dejado de importar. Cuando su padre falleció se le derrumbó todo, las ilusiones, las esperanzas, y se había terminado de destruir cuando había llegado Michael, su padrastro y su peor pesadilla.
de hecho no culpaba a su madre, en absoluto, ya que ella era frágil y posiblemente James no era el mejor hijo, ni la mejor compañía.
Solía pasar su cumpleaños en casa, con su madre y amigos cercanos, pero esta vez sería diferente.
Había entrado al ejército hace ya tres meses y, desde entonces y para su fortuna, las damas no le dejaban en paz y tenía más amigo de los que podía contar con ambas manos.
No podía negar que todos aquellos amigos eran una”buena influencia” para él, sin embargo no todos habían llevado una vida fácil, era algo que él podía entender con tranquilidad.
Fue por la gorra que completaba su elegante uniforme cuando vio un viejo pedazo de papel caer de su armario. Vivía en un completo desorden desde que se alejó de la casa de su madre.

Se acercó a levantar dicho papel del piso, encontrándose con una fotografía suya junto a Steve, abrazados mientras sostenían el bagre más grande que haya visto en la vida. Un gran recuerdo de sus vacaciones en Missouri que vivía en su memoria, siempre con él, siempre con Steve.
Sonrió para sus adentros al recordarlo. Steve Rogers; aquel pequeño rubio que había conocido desde que tenía memoria, con el cuál había compartido la vida entera y muchas más si era posible. Pero ya no más, y vaya que dolía.
Recordaba haber sido un completo imbécil.
Recordaba haber lastimado a Steve.
Recordaba aquella sensación de querer morir.
Aquello sucedió hace casi dos años, en el funeral de su padre; donde salió huyendo como un cobarde al acercarse al féretro y verse completamente perdido porque aquel hombre ahí dentro ya no despertaría.

Aquel día corrió tanto como pudo, sin notar los pasos medianamente rápidos y la respiración moribunda tras él.

Llegó al campo de cerezas Heart Sprut, donde se perdió entre los matorrales y grandes árboles hasta llegar al pie del acantilado, planeando, sin dudarlo, ir más allá .
—¡Bucky!— gritó casi sin aire un vocecilla detrás suyo— ¡No lo hagas! Por favor... no lo hagas...
Aquella vocecilla le había detenido, más no necesitó voltear para saber de quién se trataba.
Tensó la mandíbula y apretó los puños, aquella voz no era de nadie más y nadie menos que su kryptonita, su talón de Aquiles. No pudo hacer más que caer de rodillas en el césped, soltando un doloroso grito y rompiendo en un silencioso llanto mientras que cubría su rostro con impotencia, realizando un pequeño corte en su labio inferior ante tan bruscos movimientos.

Después de unos minutos había sentido unas cuantas caricias en sus cabellos; delicadas y tiernas. Descubrió un poco su rostro antes de observar al pequeño rubiecito, estupefacto.
—Hey, Buck— sonrió tiernamente—. Tus labios de cereza... —murmuró acariciando los labios del más alto, quitando un rastro de sangre de éste, también refiriéndose a una broma privada que había nacido entre ambos en este mismo campo, cuando se comieron tantas cerezas que tenían los labios absolutamente rojos; lo cual terminó en un casto beso entre ambos niños, solo para poder comprobar si, efectivamente, sus labios sabían a cereza también.
—Ugh, Steve ya no soy un estúpido niño ¿si?— soltó de repente, odiaba sentirse vulnerable, y ese chico era el único que podía hacerle vulnerable.
—Yo… Sólo quería hacerte sentir mejor...
—Pues adivina qué, no necesito tu estúpida lástima, tu estúpida manera de "querer realizar hacerme sentir mejor"— respondió con enojo—. Éramos niños, Steve, superalo, ¿Crees que es normal que a un chico le guste otro chico? ¿O que desee un beso de uno? Pues no, no soy de las personas que lo cree normal—. Las lágrimas brotaban con sus mejillas al caminar frente al rubio en dirección contraria—. Suerte con tu estúpida vida, freak.
El joven soldado sacudió la cabeza ante el mal recuerdo. Steve nunca le había hablado de nuevo y creía que eso era lo mejor. Y quizá lo era. Pero... ¿Por qué había invitado al pequeño rubio a su fiesta? Pues... él mismo iba a averiguarlo.
Escuchó un claxon de un auto fuera de su casa y , con un último retoque, salió de su casa hacia aquel auto; rumbo a aquella fiesta.
Dos horas después, se encontraba en el hangar de la base aérea, festejando hasta más no poder, bailando con destreza junto a Rosemarie, una hermosa pelirroja con quién planeaba salir pronto.
De repente, notó varios murmullos y miradas que llenaban la entrada. De allí vio a un pequeño rubio abriéndose paso tímidamente hasta adentro, con un impecable traje y un pequeño ramo de rosas.
—Hey. ¿Y tú qué haces aquí, Rogers?— preguntó de mala manera un chico que se encontraba por allí.
—Buck… Bucky me invitó— dijo mientras se acercaba al soldado, extendiéndole el ramo con una linda sonrisa—. Feliz cumpleaños, Buck...
James sintió sus mejillas arder mientras negaba con la cabeza. La verdad era que no pensaba que Steve iría y las miradas hacia él le llenaron de vergüenza, por lo cuál no pensó lo que dijo.
—Yo... yo no te invité, Rogers— vio hacia quienes lo miraban atentamente—. Les juro que no tengo nada que ver con él— afirmó antes de tomar de la cintura a Rosemarie e irse de allí.
Vio como sacaban a Steve de aquel lugar y no pudo dejar de pensar en ello unos minutos.
Su mente le torturaba y llegó a la conclusión de que no quería pasar su cumpleaños con nadie que no fuera aquel rubiecito.
Salió a toda prisa hacia donde seguro lo encontraría: Heart Sprut.
Al llegar no pudo hacer más que correr hacia el acantilado, donde pudo ver entre el césped una pequeña figura sentada mientras veía el atardecer.

Suspiró y tomó una bocanada de aire antes de acercarse y sentarse al lado suyo, sin decir palabra. Sorprendentemente, fue el rubio quien habló primero.
—Siento haberte avergonzado— murmuró también sin mirarlo.
—No lo hiciste, yo fui el idiota— lo miró y suspiró —. Perdóname.
El rubio también clavó su mirada en el contrario y asintió encogiéndose de hombros. Bucky se acercó a él y le rodeó con los brazos, suavemente.
—Te quiero, Steve— susurró y se separó del abrazo para luego acercarse por mero impulso y besar los labios del contrario, quién correspondió con adorable torpeza. Se separó del beso segundos después, sonriendo dulcemente igual que el soldado—. Steve... tus labios de cereza— susurró con una sonrisa socarrona en el rostro.
Vaya que fue un gran cumpleaños.
Despertó agitado, con sus labios adormecidos producto del paralizantes sueño, pero llenos de aquel sabor a cereza, llenos de aquel sabor a Steve..
Estuvo un rato en shock hasta unos minutos después, dónde no pudo hacer más que echarse a llorar como un crío.
Le dolía, dolía tener que estar solo, dolía no poder soñar más de aquello, le dolía no poder tener a Steve. Dolía como el infierno.
Dentro de su llanto incansable llegó una conclusión un tanto interesante. El amor de su vida se casaba hoy, quién calmaba su furia, quién le daba luz. Aquel hermoso chico de labios cereza.
Debía detener aquello.
Se levantó de aquel colchón y, como alma que lleva el diablo, salió de su departamento y condujo rápidamente aquella motocicleta suya; rumbo a la iglesia.
Casi a la mitad del viaje una serie de pensamientos le atacaron: ¿De verdad amaba a Steve? Y si así era.. ¿Iba a impedir que fuese feliz?

Había tardado como dos segundos en redireccionar la moto hacia el norte de Brooklyn, donde daría el último adiós.

El llanto no había cesado, ni durante el viaje ni al llegar al gran campo de cerezos Heart Sprut, el cual había quedado casi desierto. Ya no existían cultivos, solo grandes árboles y una verde pradera.

Caminó lentamente hacia el acantilado con la mirada perdida y el corazón rebosante de expectativa.

Por algunos segundos había pensado que iba a ver a una silueta, delgada y hermosa, allí, esperándolo.

Pero nada de eso llegó, y él sólo se dedicó a sentarse al borde del lugar, entre el césped, con el llanto inundando su alma.
—Buck…
Su oído se agudizó, negándose a voltear, creyendo que no es nada más que una fantasía, una muy mala broma que le jugaba su mente.
—Bucky..
—No— contestó el castaño sin voltear aún—. Steve, no debes estar aquí. Yo te necesito ahí— murmuró sin creérselo del todo—. Steve… necesito que estés allí..
—Buck... No pude. No puedo hacerlo sin ti— susurró la voz más hermosa sobre la tierra.
—Yo... lo siento. ¿Sí, Steve? Prometo ir a verte luego, ahora... Ahora no puedo, fortachón, entiende— sorbió la nariz.
—No James, no entiendes. Tú deberías estar allí, parado junto a mi, siempre junto a mi.
Unos fuertes brazos le rodearon, lo cual le hizo llorar mucho más. El nombrado volteó y sin más, unió sus labios con los del contrario, en un desesperado y surrealista beso que el rubio no dudó en corresponder, con suma ternura y regocijo.
El corazón de ambos ya estaba completo al fin.
Se separaron un rato después, ambos sonriendo bobamente, como dos pequeños chiquillos luego de comer muchas cerezas.

Sus frentes se juntaron y sus narices no dudaron en acariciarse.
—Hey, Stevie... —susurró el castaño, dando fin a sus pesadillas—. Tus labios de cereza…
El rubio no pudo hacer nada más que rodear al castaño con sus brazos antes de besarlo nuevamente.

*FIN*
.


2 comentarios:

  1. Aww! Esto es de lo más lindo! Me dolió mucho que Buck despreciara a Steve al principio, pero se entiende dado los tiempos en los que vivían. Pero ese lindo final fue espectacular, y el detalle de los labios de cereza... AWWW~

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  2. WOW Me encantó! Muchas gracias! De verdad puedo entender la confusión de Buck al darse cuenta de lo que Steve siente por él, y que reflexionara y no soportara ver a su rubio casándose... Realmente me encantó. De nuevo gracias!
    Alex.

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